miércoles, 26 de febrero de 2020

Responsabilidad y poder



  Lo primero que he de hacer es disculparme por no haber actualizado el blog desde octubre del año pasado, y ello debido principalmente a la cantidad de trabajo que he tenido tanto en mi faceta como asesor jurídico, así como en la de escritor, sin olvidar por supuesto mis obligaciones personales como parte de una familia y de un grupo de amigos. Sin embargo, y como propósito para el año 2020, procuraré ser algo más activo en mis redes sociales incluyendo por supuesto este blog al cual quiero tanto, no en vano en el reflejo una parte fundamental de mi vida que, por razones obvias, no puedo publicar a los cuatro vientos como me gustaría, sirviendo por lo tanto como una fantástica herramienta de desahogo, además de para dar a conocer la visión que sobre mi colectivo tengo.

  Ya sin más preámbulo me gustaría comenzar con el tema del cual hoy me ocuparé, un tema que aunque breve no deja de carecer de importancia especialmente si hablamos de relaciones BDSM, pues una vez más explicaré en qué forma, y como siempre digo desde mi propia perspectiva y punto de vista, el BDSM y más concretamente el vínculo entre Amo/sumisa puede ayudar al crecimiento personal de ambas partes.
  La primera cuestión que siempre suscita el BDSM, y que ya he tratado previamente en otras entradas, es cómo éste puede beneficiar de modo alguno a las partes implicadas en la relación y más teniendo en cuenta que al menos una de ellas (la sumisa) se ve dominada y encadenada (ya no sólo en un sentido literal) por la otra, es decir, en teoría sólo una de las partes es completamente libre.
  No obstante, y respondiendo brevemente a esta cuestión, cabe recordar que aunque los roles conllevan una posición desigual entre las partes, las personas que los encarnan son eso, personas, y por lo tanto tienen sus propias inquietudes, sus propias metas, sus propias fantasías, sus propios objetivos, los cuales en ningún caso pueden verse perturbados o anulados de forma alguna por culpa de la relación de poder, aun cuando esta sea la más extrema que podamos encontrar como es la de Amo y esclava.
  Así pues, y como ya he dicho en ocasiones anteriores, el BDSM no es un instrumento de anulación de la personalidad, al contrario, y tal como expondré a continuación, ha de ser una herramienta de crecimiento y enriquecimiento personal, y ello siempre se cumplirá simplemente respetando el hexágono esencial del BDSM: Consenso, seguridad, sensatez, confianza, respeto y sinceridad (CSS+CRS). Habrá quien quizás me tilde de fanático, sensacionalista, o incluso que soy un dominante blando o condescendiente (que se lo pregunten a las sumisas que conozco y con las que he sesionado), pero yo he hecho del BDSM una parte de mi vida y como tal ha de cumplir una función tanto en mí mismo como en aquellas chicas (sean curiosas o sumisas) que se vean inmersas e implicadas en ella.

1º. Una breve historia

  Para hacer más ligero y no tan denso el escrito, lo plantearé a través de una situación práctica, es decir, con el ejemplo de un Dom, al que llamaremos Jorge Nitales y su sumisa llamada Luz Cuesta Mogollón. Pues bien, Jorge y Luz se conocieron como cualquier otra pareja, comenzaron a relacionarse, se gustaron, conocieron sus preferencias, supieron que compartían colectivo y finalmente iniciaron una relación.
  Por supuesto al principio todo fue sobre ruedas, Luz fue precavida y no cedió el dominio a Jorge más allá de las sesiones en el dormitorio, las cuales bien podían prolongarse durante un fin de semana completo, y Jorge fue comprensivo, respetuoso con los límites y preferencias de su sumisa, no se excedía y sólo asumía su rol cuando se le daba luz verde.
  Los meses pasaron y se transformaron en un año, momento en el cual Luz consideró que, y como una sorpresa por su aniversario, ya podía ceder parcelas de su vida a su señor, sin olvidar que le pediría poner el collar… ¿Qué sucedió? Que Jorge se entusiasmó, comenzó a excederse y tomó la entrega de su sumisa como una señal para por fin desatarse en su totalidad, comenzó a manipular a Luz, a través de la frase “yo soy tu señor y lo hago por tu bien” hizo que algunos hábitos de su sumisa cambiasen y no precisamente para bien… Utilizando su poder, su dominio, Jorge cambió la forma de vestir de Luz, la frecuencia con la que veía a sus amigos y amigas, su forma de comportarse con ellos, las veces que sesionaban e incluso la frecuencia con la que su sumisa podía tener orgasmos y masturbarse.
  Así pronto Luz fue convirtiéndose en aquello que Jorge deseaba, en una prolongación de sus fantasías y todo ello en la errónea convicción que al ser su sumisa y él su señor, y en aras de complacerlo, debía renunciar a su personalidad, a su forma de vestir, sentir o pensar, cayendo finalmente en una esclavitud espantosa que la anuló como mujer, que la redujo a un mero objeto de decoración de Jorge el cual le decía qué pensar, qué decir, cómo y cuándo.
  En su día Jorge conoció a otra sumisa, alguien que le recordaba a Luz en sus inicios, por lo cual decidió dejar a su sumisa, darle carpetazo y despojarla de su dominio, dejando tras él a un ser humano que había renunciado a su vida, a sus metas, a sus amistades, a su forma de pensar y de sentir, y todo por pensar que de ese modo lo complacería.
  Pasaron los meses y una anulada Luz seguía sin poder tomar el control de sus actos, mostrándose insegura, temerosa y con poca autoestima, todas ellas consecuencias reales y seberas del pésimo y repugnante dominio de su último amo. Un día, bien por designio divino o bien por recompensa del karma, conoció a otro dom, Domingo de Soles, quien al principio comenzó actuando igual que Jorge Nitales, algo que debido a su elevado estado de destrucción Luz no pudo más que agradecer.
  Sin embargo Domingo no era tonto, y como buen dominante reconoció los negativos estragos causados por su predecesor en Luz, lo que lo llevó a tomar la ciega y destrozada entrega que le ofreció la sumisa descuidada y prematuramente y encaminarla a un objetivo claro: Levantar a la joven. Usó positivamente su dominio para animarla a salir, para ayudarla a tomar sus propias decisiones, a comenzar el ascenso a su superación académica, personal y emocional… En poco tiempo Luz empezó a recobrar su personalidad, reconstruyó su autoestima y vio en el dominio de su nuevo Amo un afán de disfrute, de placer mutuo, no obligándola a renunciar a ser quien era y realzando una y otra vez, fuera y dentro de las sesiones, ya no sólo lo fantástica sumisa que era, sino la mujer que había tras ella y la persona especial que en conjunto significaba.
  Finalmente Luz recobró su antigua personalidad y superó todass las metas que se había propuesto antes de conocer a Jorge, amando y respetando a Domingo tanto como hombre así como dominante, y él, como era de esperarse no cambió, fue siempre el mismo e hizo de su dominio un instrumento para crecer y ayudar a crecer a su sumisa.

2º. ¿Entonces?

  Tal vez la clave del buen y correcto desarrollo de una relación BDSM pasa por cómo se ve la dominación y la sumisión, es decir, si la D/s se ve bajo un prisma egoísta por parte del dominante quien sólo busca su propia complacencia y placer, olvidando que bajo la sumisa hay una mujer, una persona con sus propias metas e inquietudes, es lógico que terminará anulándola y ello porque no respetará en ningún caso sus decisiones, su forma de pensar o sentir, sólo perseguirá realzar su propia y retorcida percepción de sí mismo, la de un machote duro, que sólo ansía por encima de todo tener una mascota a la que adiestrar, educar y utilizar, reduciéndola sólo a una falsa escultura moldeada con el cincel de su placer y el martillo de sus propios gustos y preferencias.
  Partamos de la base que leer el BDSM bajo la luz del egoísmo no acarreará más que una total falta de consideración y seriedad frente a la relación que se está planteando, tomándose a la ligera un papel de tamaña responsabilidad como es el de un dominante ante su sumisa. Nótese que cuando se asume este rol, sea en el contexto que sea, se está asumiendo la posición de una figura de poder, de autoridad, con todo lo que ello conlleva, no pudiéndose ni descuidar ni olvidar las responsabilidades que semejante rol lleva aparejadas.
  Reducir el rol del dominante sólo a la figura de un tarado con látigo y tono de Hitler supone desposeerlo de toda responsabilidad… “Yo sólo he de decirle lo que tiene que hacer y si no lo hace castigarla”, esta es la imagen que muchos dominantes que he conocido defienden, la de un rol distante, que sólo aplica castigos y autoridad, sin siquiera preguntarse por las inquietudes de su sumisa, por sus deseos, por sus objetivos, un egoísmo que desgraciadamente es consecuencia del machismo que predomina en la actualidad y que vela sólo por la satisfacción masculina, algo que en cualquier caso no sólo se materializa en el BDSM, sino incluso entre los vainillas: “La meto la saco, la meto la saco, me corro y ya está… ¿Tú llegaste? ¿No? Bueno, si quieres te toco o te tocas tú misma”. “Hoy hay fútbol, así que no saldremos, pero mañana sí… ¿Tienes quedada con las amigas? No importa, supongo que querrás quedar conmigo antes que con ellas”.
  Sin embargo, y reencausando el tema que aquí nos ocupa, si el dominante se preocupa por su sumisa y cómo es, cómo siente, cómo piensa, puede servirse de su dominio para ayudarla a crecer, para ayudarla a superarse en la medida de nuestras posibilidades y de las suyas, ya que tampoco se trata de obligarla a conseguir metas hasta un punto de convertirlo en una obligación obsesiva… Todos los extremos son malos, y en el BDSM la premisa aristotélica de “en el centro está la virtud” cobra una gran relevancia pues no hay que olvidar que la complejidad de este tipo de relaciones supone también una fragilidad mayor, después de todo no hay que olvidar que a mayor dureza mayor es la fragilidad y grande ha de ser el cuidado.
  Así pues, y por lo tanto, si ayudamos a nuestra sumisa a lograr sus objetivos, a llevar a cabo sus metas, desde luego nos convertiremos en una figura ya no sólo de poder, sino también de respeto, lo que redundará en una mayor búsqueda de complacernos con su entrega, y así nos iremos ayudando mutuamente a crecer emocional y personalmente. (Véase el artículo de mi amigo y maestro El Faro titulado “La espiral positiva”)
  El BDSM es, en definitiva, un instrumento magnífico para superarnos y ayudar a superar a otros sus miedos, dudas y temores, a alcanzar sus metas y objetivos, y de paso también conocernos a nosotros mismos y perseguir el mismo fin. Eso sí, lo anterior sólo puede cumplirse si sabemos actuar con sensatez y respeto, si somos buenos dominantes, si no somos egoístas y si sabemos ser ya no sólo autoritarios y dominantes, sino generosos, abiertos y atentos para con nuestra sumisa pues, y esto nunca hay que perderlo de vista, ella nos está dando todo, su entrega, su sumisión, y por encima de todo su confianza, lo que no podemos hacer es corresponder eso con egoísmo, desprecio, frialdad y dureza, hemos de atesorarlo, cuidarlo, ser responsables y redundar su entrega en una forma de crecer ambos y cada uno por sí mismo.

Sirius B

domingo, 27 de octubre de 2019

Sobre chicas fuertes, independientes y BDSM


 

  La idea para escribir este post surgió de una conversación que ayer mismo sostuve con una chica súper especial, a raíz de un comentario que en cierto momento de la noche me hizo y que trajo una idea a mi cabeza, idea que si bien ya había pensado en muchas ocasiones, e incluso había expresado de forma muy escueta, no encontraba la inspiración, el punto sobre el que apoyar mi tesis para poder darle un poco más de consistencia, algo que como digo, y gracias a esta chica, pude hallar y por fin puedo expresar con total claridad.

  El título del post brinda cierta pista de cara a conocer un poco la tesis que aquí voy a desarrollar, sin embargo no lo dice todo, pues si bien voy a hablar sobre la relación existente entre BDSM y una chica fuerte e independiente, lo voy a hacer bajo un prisma bastante particular: Los beneficios físicos y psíquicos/emocionales que la práctica del BDSM puede acarrear dado que, y como bien he dejado entrever en alguna otra exposición, el BDSM es un fantástico instrumento no sólo sexual o emocional, sino que su práctica trae para las partes implicadas otros beneficios menos carnales y espirituales, más psíquicos y físicos, y no hallé un modo mejor de ilustrarlo sino a través de esta ejemplificación, es decir, lo que aquí voy a desarrollar es perfectamente extrapolable y aplicable a otros casos, a otros tipos de personalidades ya que, y como siempre digo, el BDSM cada quien lo vive como mejor le plazca y en las circunstancias que le parezcan siempre y cuando cumpla con los mínimos por los que siempre abogo, esto es, consenso, seguridad y sensatez (CSS), así como sinceridad, respeto y confianza (SRC).

 

1). Un acercamiento necesario

 

  En primer lugar, y antes de entrar en el tema objeto de este post, me gustaría explicar de forma muy breve los tres tipos de relaciones (aunque hay muchísimas más) que, y siempre a mi criterio, pueden darse principalmente en el BDSM; como he dicho no son las únicas, cada cual puede tener sus variantes, y ello siempre dependerá de las partes implicadas y de cómo quieran vivir esta experiencia.

-Relación y sesiones. Esta la he conocido hace relativamente poco, de manos de una dómina con mucha más experiencia que yo y a quien respeto muchísimo, y es tan simple como mantener una relación sentimental (abierta o cerrada) y mantener al BDSM aletargado, para luego, cada vez que las circunstancias lo permitan y/o haya disposición por ambas partes, practicar potentes e intensas sesiones, prolongándolas horas o incluso días, para una vez finalizada “abandonar” los roles y volver a un status de pareja tal cual.

-Relación BDSM. En este caso la idea es igualmente muy simple, ya que se trata de una relación normal de pareja, pero con añadidos de BDSM, esto es, a medio camino entre lo anterior y la relación 24/7 (la explicaré a continuación); hay aquí una relación de D/s en ciertas áreas, se mantienen las sesiones y se vive el BDSM de un modo quizás más cotidiano, aunque nunca al nivel de las 24/7, de hecho los roles se mantienen activos sólo en ciertas circunstancias y se retraen en otras, hay un comportamiento dominante/sumiso constante, pero cuando toca se apartan y se asume el status de pareja convencional sin roles.

-Relación 24/7. Esta es quizás la más potente de todas las relaciones BDSM, los roles se mantienen activos durante las 24 horas y los 7 días de la semana (de ahí su nombre) y no hay variación ninguna en ellos. No he conocido al menos de momento una pareja de estas características, sí testimonios de personas que lo han intentado y en muchos casos han acordado bajar el nivel o directamente poner punto final.

  Cada una de estas relaciones (que como digo ni son las únicas ni un numerus clausus) tienen sus ventajas e inconvenientes, y siendo sincero yo me quedo con la primera y con la segunda, aunque sin orden de preferencia ya que ambos son estilos con los que estoy seguro disfrutaría muchísimo; no obstante la que descarto de pleno es la tercera, es decir, 24/7, y ello por el desgaste energético y psíquico que conlleva, además de la implicación que exige a la que yo, personalmente, no me veo dispuesto por mi carácter y mis propias responsabilidades, y la verdad es que hay que ser responsable en este tema y no tomarse algo así a la ligera.

 

2). Beneficios físicos

 

  Ya habiendo esclarecido lo anterior, creo que va siendo hora de explicar los beneficios que el BDSM puede aportar a una persona, que como he dicho supra, y a modo de ejemplo, utilizaremos a una chica fuerte e independiente, además que sólo lo haré desde la visión de los dos primeros tipos de relaciones, y ello porque considero que la relación 24/7 conlleva un gran desgaste psíquico y emocional que resulta “contraproducente” para lo que aquí expondré, sin olvidar que no es un tipo de relación a la que aspire.

  Partamos de la base que el ser una persona con un carácter fuerte e independiente, de forma subconsciente, acarrea un desgaste constante que puede resultar a la larga agotador y que puede requerir de un descanso, de un apoyo, es decir, pasar la carga a otra persona aunque sea ello temporalmente… Cargar las pilas, por decirlo de algún modo para luego continuar adelante y retomar esa personalidad, ese carácter.

  A través del BDSM, y en las manos del dominante adecuado, una sesión puede transformarse en una válvula de escape perfecta físicamente, y ello porque si la sesión se desarrolla de forma correcta, la compenetración y la confianza es la idónea, la sumisa experimentará un alivio físico al abandonarse, al ceder el control al dominante que, a través de su conocimiento y experiencia, la llevará al placer, a la tranquilidad, y si todo incluso supera las expectativas, al subspace, esto es, una descarga extasiante de endorfinas, una sensación que según me han descrito, es similar a un estado narcótico, una droga natural que genera el propio cuerpo y que proporciona un estado de suma tranquilidad y paz, tanto así, que de no estar junto a la persona apropiada el estado puede ser un arma de doble filo, pues la sumisión que se alcanza en el subespace es absoluta, entendiendo este concepto de forma literal. Es por ello que un buen dominante no se aprovechará de ello, dejará que la sumisa disfrute de ese éxtasis durante unos minutos para luego regresarla poco a poco a un estado normal… Relajación absoluta, placer y tranquilidad, sensualidad y confianza.

  Una vez la sesión ha terminado, llega el momento del aftercare, otro instante en el cual el dominante ayudará a que la sumisa, vencida y derrotada por el placer que le ha hecho experimentar, siga disfrutando de paz y relax, ya que durante este instante le prodigará los cuidados y mimos necesarios para hacerle sentir bien, para acrecentar ese vínculo y ese lazo que los une, demostrándole así que es un buen dominante, un buen compañero y proporcionándole de paso el descanso físico que, en su posición diaria de chica fuerte e independiente, no ha podido tener.

  He aquí el gran beneficio físico, a través del placer y de las prácticas que con el BDSM puede experimentarse en una sesión, se logra liberar por un lado endorfinas naturales, alcanzar ese estado narcotizado de total sumisión y tranquilidad, de confianza absoluta, que brinda al cuerpo de la sumisa ese descanso literalmente placentero, y por otro, el posterior aftercare, el cual le permite sentir que tiene un apoyo, que cuenta con ese respaldo, con ese sustento que no le fallará y en quien puede confiar plenamente… Y ello sin olvidar el disfrute y el placer que ha experimentado durante la misma sesión.

 

3). Beneficios psíquicos y emocionales

 

  Una persona fuerte e independiente, que resuelve sus problemas por su cuenta, que se las apaña perfectamente ella sola, padece, y ello es así por una cuestión de lógica, de un cansancio y desgaste emocional y psíquico, pues admirablemente supera los obstáculos y salta las barreras sin contar con nadie más que ella misma, lo que es agotador con el paso del tiempo, ya que se desearía contar con un punto de apoyo sobre el que dejarse caer, a quien traspasarle esa pesada carga aunque sea momentáneamente.

  De sobra está decir que incluso en una relación vainilla, si la pareja se comporta como tal y existe confianza, se puede contar con esa posibilidad; sin embargo, y como expliqué en un post anterior, el BDSM es intensidad, y todo se magnifica de forma extremadamente maravillosa, y esto no es la excepción.

  Teniendo como punto de partida que en la propia relación el vínculo y la confianza generada gracias al BDSM es potente y por lo tanto la chica fuerte e independiente, y sin ser necesario que asuma su rol sumiso en todo momento (primera relación), confiará tanto en su compañero que no tendrá temor a mostrarse vulnerable, a bajar la guardia y ser natural y sinceramente más frágil aunque sea momentáneamente.

  Ahora bien, este vínculo, esta cercanía y confianza plena no sólo se la habrá ganado día a día, que también, sino que la fortalecerá gracias a las sesiones practicadas en las que demostrará a su sumisa que puede confiar en él, que la respeta, que no la juzga ni critica, que puede abrirse ante él y mostrarse vulnerable porque en el fondo él sabe el tipo de chica que es en realidad.

  Ya en la propia sesión la chica fuerte e independiente asumirá su rol de sumisa, se desposeerá de sus cargas psíquicas y emocionales, se las cederá a su Amo y este las tomará con respeto, sensatez y seguridad, velará por ellas, y le proporcionará el descanso que necesita para poder seguir adelante una vez la sesión finalice; el Amo toma el control y poco a poco, con ayuda del BDSM, va conduciendo a su sumisa por esa senda de placer, por esa senda de olvido y tranquilidad, y con un poco de suerte la llevará hasta el subespace, ese rincón en el cual todo se olvida, todo desaparece, no hay presiones, no hay angustias, está segura porque él está ahí, es un buen Amo, un buen compañero, se abandona, confía en él y en el respeto, seguridad y sensatez que le ha demostrado… Está descansada, sus emociones son de él, su psique está extasiada y puede disfrutar de esa liberación que le proporciona el descanso que necesita de un modo literal.

  Luego llega el aftercare, ese momento tras volver a la realidad donde los cuidados y los mimos le permiten estar totalmente abandonada, con su mente y sus emociones todavía libres de cargas y confiada que en las manos de su Amo está a salvo… Todo se acaba, su compañero le regresa sus cargas y entonces ella está renovada, fuerte e independiente una vez más.

 

Sirius B

miércoles, 9 de octubre de 2019

La magia de las cadenas

           
“Nunca fui tan libre como desde que tu cadena me ata, nunca volé tan alto como desde que a tus pies me arrodillo”

  Cuando leí esta maravillosa declaración de una sumisa a su señor una idea apareció casi de forma automática en mi mente, una idea que en forma de explicación dio respuesta a un interrogante que muchas veces se me ha planteado al decir que una relación BDSM del tipo que sea (en mi caso una pareja) hace a las dos partes libres, y la pregunta suele ser: ¿Cómo puede ser libre una persona que comparte una relación de dominación y sumisión? Será libre el Amo, no la sumisa.
  Es posible que a simple vista esto sea así, en efecto, sin rascar un poco más y quedarse en la superficie en una pareja-BDSM sólo uno de los integrantes es libre; no obstante si indagamos un poco, si reflexionamos y escuchamos, puedo asegurar que en una relación BDSM ambas partes son libres, y ello gracias a “la magia de las cadenas”, un simpático concepto que me saqué de la manga el día en que leí la frase del encabezado y que a continuación procedo a explicar, y lo haré de forma minuciosa pero sin resultar tedioso, dividiendo la exposición en dos partes: Primero a través de la magia de las cadenas en un plano material/sexual/erótico, para luego exponer la magia de las cadenas más emocional, más psíquica.

1º. Bondage, símbolo de poder pero también de libertad

  Existen muchísimos elementos asociados al BDSM, sin embargo el más reconocido de ellos, y aceptado socialmente me atrevería a decir, es el bondage (ataduras), y ello porque incluso entre la población vainilla puede darse este tipo de juegos, popularizados todavía más gracias a la saga fílmica y literaria 50 Sombras… ¿Quién no ha sido atado o esposado a la cabecera de la cama en más de una ocasión como un modo de romper con la rutina? Más de una pareja me atrevo a afirmar, y no necesariamente miembros del colectivo del BDSM.
  ¿Y en qué radica el atractivo de este tipo de prácticas? Simple: En el sometimiento, en la sensación de poder que la parte dominante ejerce sobre la parte atada, saber que está a su entera disposición, indefensa/indefenso, dependiendo de él o ella en todos los sentidos, en el significado más amplio de la palabra… Es suya/suyo, y ahí radica el atractivo, al menos en mi opinión y desde mi rol de dominante.
  El bondage, no obstante, está lleno de matices en el BDSM, se va más allá de unas esposas o una cuerda, se traspasa la línea de la cabecera y se busca el placer, la sensualidad, e incluso la belleza a través de la visión de un cuerpo a nuestra entera disposición, sin más límites que los marcados y conocidos de antemano, obsequiándonos un amplio margen para hacernos disfrutar y hacer disfrutar a nuestra pareja.
  Así el dominante se hace libre a través del bondage, utiliza las cadenas, los grilletes, las cuerdas o un simple trozo de satén o seda negra para liberar su dominio, “extasiarse” de poder, de autoridad, de sensualidad y placer, ya que sólo en los límites encuentra la frontera, dentro de aquellos puede ser él mismo, dominar, poseer, sentir como suya a la otra persona, recorrer el sendero de la libertad sexual sin prejuicios, sin censuras, confía en su sumisa, disfruta de su sumisión, del poder que le transmite, y sabe que con ella todo es posible pues no habrá críticas, no habrá desconfianza, no habrá condenas que atraviesen sus labios… Es libre para ser él mismo.
  ¿Pero y la sumisa, cómo puede sentirse libre con cadenas, grilletes, cuerdas o trozos de satén o seda reteniéndola, sujetándola, sometiéndola? Porque no existe nada más liberador que la confianza absoluta, la tranquilidad plena, saberse a salvo en manos de una persona que conoce las fronteras marcadas, alguien sensato a quien se ha entregado de forma consensuada y segura, quien no sólo la protege, sino que convierte su entrega en un instrumento de placer, rompiendo los tabúes, haciéndola explorar nuevos horizontes, y todo en un entorno que le proporciona la suficiente seguridad y tranquilidad como para sentirse libre, para ser ella misma, disfrutar entregándose en manos de su señor, de su amo, alguien que ha trabajado para conocerla en todas y cada una de sus facetas, que le ha demostrado que la respeta, que actúa con responsabilidad, en definitivas cuentas, que se ha ganado su confianza absoluta e incuestionable, que es consciente de dónde está su umbral, dónde está el placer y dónde se transformaría en dolor… Y bordea esa delgada línea, y ella más libre se siente, pues en la atadura puede desatarse, una peculiar paradoja como la que experimenta en ese momento, la de una libertad encadenada… Es libre para ser ella misma.
  La magia de las cadenas material, por así llamarla, no sólo puede experimentarse a través del bondage, aunque en mi opinión es el ejemplo perfecto, la mejor vía para conocerla y experimentarla plenamente, en toda su extensión, en todo su significado.

2º. Dominación y sumisión, libertad en estado puro

  Quizás esta parte sea más sencilla de explicar y entender que la anterior, no en vano partimos de la base que una relación BDSM es un pacto entre iguales, personas libres y con voluntad y criterio propio, que deciden llevar adelante una fantasía en la cual asumen un rol, y lo hacen de un modo consensuado, seguro y sensato, además de con sinceridad, respeto y confianza mutua. Por lo tanto, no hay que perder de vista que sólo mientras se esté en los roles y durante el tiempo que dure la relación, el intercambio de poder, el dominio y la sumisión, se mantendrá activa y nunca se ha de olvidar que en la realidad fuera de la pareja, en la vida misma, ambos poseen voluntad propia, ambos son iguales y ambos son libres, no hay jerarquía, no por ser hombre se está por encima de la mujer, esto no es machismo, esto es BDSM… Como siempre digo: Ante todo somos personas, no roles. Dicho lo anterior, y entrando ya en la magia de las cadenas más espiritual, emocional y/o psíquica, tengo que decir que, y al igual que sucedía en el apartado anterior, hablaré desde mis conocimientos de mi rol de dominante y de los testimonios que sumisas y sumisos que he conocido han tenido la cortesía de compartir conmigo.
  Ya en el mero acto de someterse a una persona, cederle el control de ciertas parcelas de su vida y de la relación que compartan, puede apreciarse la libertad, no en vano si la decisión no es tomada por voluntad propia, sin criterio, y sin siquiera ser consciente de lo que se está haciendo o en quién se está confiando, el consentimiento imprescindible para que exista BDSM está viciado, no cuenta, es nulo, y por lo tanto no existe BDSM.
  Teniendo esto claro, es decir, que la propia decisión de entrega es un acto de libertad, lo siguiente es conocer cómo se puede ser libre sometiéndose a una persona, y la respuesta no es demasiado difícil: Al someterse y ceder el control de ciertos ámbitos, y siendo el dominante una persona sensata, alguien con las ideas claras, madura y responsable, éste ayudará a la sumisa/sumiso a sentirse libre de toma de decisiones que, en cualquier caso, él como dominante tomará en su lugar, por supuesto siempre velando por el bien de su sumisa…
  “Nunca fui tan libre como desde que tu cadena me ata”… Y ello es posible porque mi cadena te sujeta pero no te asfixia, no te impide volar, te guía cuando es necesario, te educa cuando es preciso, rodea tu cuello, pero tú tienes la posibilidad de quitártela cuando así lo desees, pues yo dominante sensato, respeto tus decisiones, respeto tus límites, te respeto como mujer, te respeto como sumisa… “Nunca volé tan alto como desde que a tus pies me arrodillo”… Porque jamás te obligué ni obligaré a hacerlo, porque lo hiciste libre, y libre seguirás, porque pese a que te domino, a que ejerzo poder sobre ti, es una fantasía que compartimos, una relación que nos da placer, nos gusta y disfrutamos los dos, no hay egoísmo, no hay desconsideración… Arrodíllate a mis pies, que yo admiraré tu entrega, la corresponderé, no abusaré de ella, la tomaré como un tesoro, será mi instrumento para llevarnos por la senda de la pasión y el placer, será mi vía para ayudarte a crecer, ya no sólo como mi sumisa, sino también como mujer, como persona… Siéntete libre, porque eso eres, y aunque juntos compartamos esta relación, tú entraste libremente y libremente, si lo deseas, te marcharás.
  Cuando un dominante recibe la entrega absoluta de su sumisa, ya no sólo física, sino también emocional y psíquica, sería un idiota si despreciase ese obsequio, si lo utilizase para su beneficio egoísta, si no lo correspondiese con la entrega de su dominio sensato, seguro y placentero…
  “Nunca fui tan libre como desde que tu cadena me ata”… Ni yo tan libre como desde que te sometiste a mí, pues tu entrega, tu sumisión me hace ser yo mismo, me da confianza, seguridad y libertad, me hace ser natural, me da placer, me llena de pasión, de deseo y admiración por ti, sujeto la cadena y con dicha, pues tu amor, tu devoción y sumisión, me hacen ser libre…  “Nunca volé tan alto como desde que a tus pies me arrodillo”… Y yo nunca fui tan libre como desde que te tengo a mis pies, desde que me dedicas esa mirada incomparable, la mirada de mi sumisa, henchido de orgullo le concedo a esos ojos mi libertad, pues sé que contigo nada he de temer, puedo ser yo, sin prejuicios, sin que me condenes, me has dado tu confianza, te has puesto a mis pies, y yo con ese simple acto soy natural, soy tuyo, así como tú eres mía, soy tu señor, tu amo, como tal actúo donde puedo, y lo hago de forma libre y tranquila, sin aguardar reproches, sin temer cuestionamientos…
  El BDSM nos ha unido, nos ha vinculado, nos ha dado las cadenas que hoy nos enlazan, las mismas que rodean tus muñecas y te doblegan a mí en la visión más exquisita y sensual que los dioses hayan concebido, las mismas cadenas que rodean tu cuello y que yo sujeto con pulso firme y mano dura… El BDSM nos ha unido, y del mismo modo nos hace libres.

Sirius B
        
Dedicado a mi sumisa: Arwen

jueves, 3 de octubre de 2019

BDSM: Una forma fantástica y única de experimentar la intensidad




  El otro día, mientras iba camino a Alicante con un amigo, surgió el tema de la sexología, y a raíz de aquel terminamos hablando del BDSM, declarándole que yo era miembro del colectivo en el rol de dominante, detalle que le resultó curioso e interesante a partes iguales, preguntándome en primer lugar: ¿Qué es exactamente el BDSM? Una pregunta muy recurrente entre el común de los mortales, los cuales no comprenden nuestra forma de entender las relaciones, o bien directamente las tachan de raras, extravagantes, locas, o se limitan a simplificarlas casi a lo absurdo.
  Podría haberle recomendado a mi amigo un centenar de páginas web donde le responderían a su pregunta*, pero preferí darle yo mismo una respuesta nacida de mi propia y personal percepción del BDSM y todas las prácticas, experiencias, principios y conocimientos que he adquirido en estos casi ocho meses como miembro del colectivo, una respuesta subjetiva y personal, que en ningún caso tiene por finalidad erigirse como la única e indiscutible, al contrario, es muy probable que tú, dominante o sumisa que me lees, tengas tu propia opinión al respecto, y que el día en que te formulen esta pregunta, contestes algo muy diferente a lo que yo respondí a mi amigo y procedo a exponer a continuación… ¿Y sabes algo? Tanto tu respuesta, como la mía y la de cualquier otro miembro de nuestro colectivo, es totalmente respetable y acertada, pues como siempre digo, no existen ni mejores ni peores dominantes, ni tampoco mejores o peores sumisas, sino personas que disfrutan del BDSM de forma consensuada, segura y sensata, y mientras sea así, nadie puede imponerse como el poseedor o poseedora de la verdad absoluta.

  Entrando ya en materia, a mi parecer el BDSM es un modo único y maravilloso de vivir y disfrutar ya no sólo de nuestra sexualidad, que también, sino de nuestras relaciones, pues gracias al vínculo que lentamente se va forjando entre dominante (del sexo que sea) y sumisa/sumiso, y que se asienta sobre la base del consenso, seguridad, sensatez, respeto, sinceridad y confianza, las emociones y sensaciones que terminan enlazando a ambas partes, son intensas y profundas, alcanzando tal paroxismo que, y de darse las circunstancias, ambos experimentarán momentos de éxtasis pleno (ya hablaremos del sub space), se lo dirán todo con una mirada, se conocerán de manera íntima y extremadamente personal, serán recíprocamente receptores de una confianza ciega y bidireccional, conocerán la sinceridad en su plenitud y serán acreedores de un respeto que, aunque por opuestas y muy distintas razones, será total y absoluto, y todo ello en un ambiente, en una relación consensuada, segura y sensata.
  Así, yo defino al BDSM como un modo único e inigualable de experimentar y vivir la intensidad, el placer, las emociones, de poder llevar a cabo una fantasía de roles que, de hacerse y gestionarse adecuadamente, desembocará en una relación cercana, profunda y plena, la cual a su vez reportará beneficios mentales, emocionales y físicos para ambas partes, así como proporcionar las condiciones para disfrutar de una sexualidad que rompe con los tabúes, que traspasa los límites y empuja a quienes participan a explorarse a sí mismos en un entorno seguro y sensato.
  Para la sumisa o sumiso, y esto lo sé por lo que me ha dicho más de uno, la sensación de libertad, seguridad y tranquilidad que les proporciona un buen Amo en una relación BDSM, sea del tipo que sea, es tal, que puede conducirlos al éxtasis en una sesión, al alivio de poder centrarse en otras parcelas de su vida cuando han dado potestad a su Amo en otras, lo que sumado a la sensación de protección que poseen una vez el vínculo se ha consolidado, hacen del BDSM, para ellas y ellos, una filosofía vital, sexual y mental, única e incomparable con el mundo vainilla.
  Para los dominantes, y aquí vuelvo a mis apreciaciones personales, gozar de la entrega y sumisión de una persona, ser receptor de una confianza ciega, de una devoción extrema, es algo que no tiene precio; saber que somos merecedores de semejantes sentimientos, de la sinceridad y del respeto de nuestras propiedades, de nuestras sumisas o sumisos, es una situación casi indescriptible y que algún día deseo poder experimentar en carne propia, esforzándome para ser digno de semejante honor, de tamaña responsabilidad, actuando siempre con valores y principios férreos, los cuales he detallado aquí en mi blog en más de una ocasión.
  En definitivas cuentas, y por si no ha quedado claro, el BDSM para mí es una filosofía increíble, un instrumento maravilloso y único, capaz de dotarnos a quienes lo experimentamos, vivimos y disfrutamos, de emociones y sensaciones profundamente intensas, brindándonos la oportunidad de formar parte de algo fantástico, placentero, poderoso y espectacular… Es, por lo tanto, una forma incomparable de vivir la intensidad en todo su significado.

  Así se lo describí a mi amigo, así se lo transmití, y para cuando acabé él estaba sin palabras, asegurándome que si bien conocía el BDSM a través de oídas, jamás lo había visto bajo esta perspectiva, y que lamentaba profundamente tener los años que tiene y no unos pocos menos, para gozar de la ocasión de conocer en persona semejante modo de entender la sexualidad y las relaciones… Al parecer, soy un vendedor excelente…
  Fuera de bromas, me alegra haber contribuido, aunque sea sólo con una persona, a cambiar la opinión desprestigiada que los vainillas tienen sobre nuestro colectivo, sobre nuestro modo de vivir, sentir, follar, disfrutar, e incluso amar, la cual nada tiene que envidiar a la suya, muy por el contrario, son ellos quienes tienen que envidiarnos a nosotros dado que es a nuestra manera como se conoce lo que significa realmente intensidad.

Sirius B

*Son tres las páginas que a mí me sirvieron como vías de aprendizaje: La primera de ellas fue Wikipedia, con su completísimo artículo relativo al BDSM; la segunda fue la revista Cuadernos de BDSM; y la última de ellas, aunque yo diría que la más importante, fue el blog de mi apreciado amigo y maestro, El Faro, el cual está linkado aquí mismo en mi blog, y que sugiero encarecidamente su lectura para quien quiera iniciarse en el BDSM de la mano de un gran Dominante.



domingo, 25 de agosto de 2019

Consenso, seguridad y sensatez: Las tres bases y normas fundamentales

  Ya hace algo más de cuatro meses que salí de la mazmorra y liberé al dominante que tenía escondido en ella, me he reunido con otros miembros de mi colectivo, he entablado amistades y conocido experiencias de otros dominantes, he asistido a quedadas, charlas y debates, y aún hoy continúo mi aprendizaje con la lectura de los Cuadernos de BDSM, los blogs de otros dominantes y sumisas, el de mi amigo y maestro El Faro y el de mi amiga Little Brat respectivamente y sólo por citar alguno, y ello porque, tal como he dicho en otro post, en el BDSM, como sucede con cualquier disciplina o ciencia, jamás se deja de aprender.
  Sin embargo, y antes de continuar con otros escritos de análisis más personales, por así decirlo, a consejo de mi buen amigo El Faro, he decidido escribir sobre lo que yo llamo las tres bases fundamentales sobre las que se asienta el BDSM o cualquier práctica que pueda verse circunscrita a él, a saber:, consenso, seguridad y sensatez, y esto de cara a dejar claro lo que, a mi parecer, implican estas tres piedras angulares que sustentan este fantástico y rico mundo plagado de matices, lo que no obsta para que en todos y cada uno de ellos se respeten estos tres pilares.
  Antes de entrar concretamente en cada uno de los conceptos, resulta interesante dar una pincelada sobre su origen, el cual se debe a David Stein, quien  acuñó el citado término en 1983 y originalmente para el Comité de la GMSMA (Gay Male S/M Activists, la mayor organización homo sadomasoquista), y ya con posterioridad, con el crecimiento de la escena BDSM, su terminología fue finalmente adoptada por nuestro colectivo, el cual, por si no ha quedado del todo claro, pone especial énfasis en el cumplimiento de las mismas en relación con las prácticas, aunque incluso dentro del propio colectivo hay debates, dado que con posterioridad surgieron términos como el RACK o el metaconsenso, sobre los cuales, de ser preciso, más adelante dedicaré un post.
  Es también de mencionar que, y en cualquier caso, yo tomo estos pilares como básicos (y como yo muchos otros dominantes), pero no por ello me escudaré tras ellos para criticar a los practicantes de la neo guard, es decir, los que abogan y defienden tanto a RASK y al metaconsenso, como siempre digo, toda práctica es respetable siempre y cuando no atraviese la delgada línea del maltrato, el abuso y el salvajismo impropio de nuestro colectivo… Lo que es yo, prefiero seguir siendo de la old guard y tomar mi rol con estas tres bases, además de las que en repetidas ocasiones he mencionado (ver: “El dominante que soy y el Amo que quiero ser” y “Sinceridad, respeto y confianza”
1º. CONSENSO
  Consenso, o su versión en inglés, consensual, se puede definir como el acuerdo expreso de las partes respecto de las prácticas o la relación BDSM, su intensidad y forma, para lo cual, como he dicho, ambas partes han de expresarse transparente y abiertamente, dejando claros sus límites, preferencias, etc., para que de esa manera se dé o no el consentimiento, requisito básico y esencial para que sea una relación sensata y segura (ya explicaré su interrelación infra).
  Por supuesto, y creo que esto no hace falta que lo diga, el consentimiento no ha de darse ni bajo presión ni coacción, ya que, y hablando en términos jurídicos, este se vería viciado y carecería de toda validez, transformando la potencial relación BDSM en maltrato y/o abuso, todo lo contrario a lo que significa ser parte del colectivo.
  Es importante señalar que ningún dominante debe considerar por dado el consentimiento de una sumisa sólo por el mero hecho de serlo o interactuar con él, y conozco de casos que lo han hecho, pues el mismo ha de darse de forma libre, clara y expresa, sin dar lugar a confusión o interpretaciones subjetivas, dado que desde ese momento todo puede echarse a perder.
  Me gustaría indicar que, y aunque pueda pensarse lo contrario, a mi parecer el consentimiento ha de ser mutuo, es decir, no es algo exclusivo del rol sumiso, pues un dominante puede o no acceder a practicar alguna idea o fantasía propuesta por su sumisa, y dicho consentimiento puede negarse por múltiples causas, tanto porque no quiera llevar a cabo cierta práctica, porque no haya disfrutado de ella ya habiéndola probado, o por algo tan simple como su inexistente curiosidad o gusto por ella; así por ejemplo, en mi caso no me gusta para nada el control financiero, o el dominio sobre las amistades o relaciones personales de mi futura sumisa, ni tampoco intervenir en su vida familiar o laboral, puedo animarla, ayudarla y guiarla a la consecución de sus metas, pero en ningún caso tomaré el control de tales ámbitos.
  En definitivas: El consentimiento es la confirmación libre, clara y expresa que dan las partes para disfrutar de una relación BDSM, sea en la modalidad que sea, sensata y segura, respetuosa, sincera y transparente, no en vano esta primera norma básica engloba en ella muchos otros aspectos quizás más secundarios pero igualmente relevantes.
2º. SEGURO
  Seguridad, un término que ha de ser primordial en toda práctica BDSM y que puede definirse como el conocimiento que se tiene de la adecuada y correcta puesta en marcha de las fantasías, el uso de los juguetes/herramientas, así como respecto a la prevención de riesgos y daños irreparables que pueden llegar a producirse.
  Así pues, y de acuerdo con mi maestro El Faro, para calibrar la seguridad el Amo podría formularse la siguiente pregunta: ¿Si en este momento cayese aquí fulminado, la sumisa quedaría a salvo y podría ayudarme? A mi criterio es una excelente pregunta, y tal como dice mi amigo y maestro, si la respuesta es negativa entonces hay que replantearse la práctica; a modo de ejemplo: Si se inmoviliza a la sumisa con grilletes, cuerdas, etc., se le ha de proporcionar un medio de poder liberarse o socorrernos de ser necesario, por supuesto conservando el morbo y el atractivo del juego, después de todo ha de estar verdaderamente inmovilizada sin posibilidad de soltarse con excesiva facilidad.
  La seguridad también se enfoca respecto a otros ámbitos más íntimos, como son por ejemplo la prevención de ETS en los casos de relaciones Amo/sumisa abiertas o las cuales puedan entrañar algún tipo de riesgo de este tipo, para lo cual sería recomendable un control periódico (que no seguido) para evitar sorpresas inesperadas, y aún más en los casos de parejas BDSM considerablemente promiscuas.
  Por otro lado, la seguridad ha de circunscribirse al ámbito, como he señalado antes, de los juguetes y herramientas, ya que han de usarse de forma responsable (sensatez) y con el consentimiento expreso de la otra parte (consenso), conociendo los riesgos físicos que puedan producir (en el caso de herramientas muy intensas como pueden ser un látigo o una vara), pero también en el aspecto de la humillación y el masoquismo emocional, sea en el grado que sea, ya que son prácticas que de llevarse a cabo en entornos inseguros o sin medidas de seguridad adecuadas, podrían conllevar daños severos tanto psíquicos como emocionales en quien los padece.
  Sin consenso no puede haber BDSM, pero sin seguridad tampoco, y es importantísimo que una sumisa tenga clara una cosa: Si la seguridad del dominante es crucial, la de ella es diez veces más trascendental, no en vano será la amordazada, atada, engrillada, azotada, vejada, etc., y por lo tanto si el dominante en la primera sesión no le recuerda y exige unas normas de seguridad básicas, como es el caso de la palabra de seguridad, no está actuando con sensatez ni seguridad, de modo que no está obligada a consentir ningún tipo de práctica sobre su cuerpo.
  La seguridad es una cuestión de ambas partes, al igual que el consenso, y si bien los dos participantes han de tener las medidas de seguridad claras, recae en manos del dominante recordárselas a la sumisa cuando corresponda, y jamás ha de primar su placer por encima de la seguridad, de forma que si la sumisa le dice que ha de realizar una llamada de seguridad o enviar un mensaje a un contacto cada X horas, esto ha de cumplirse a rajatabla de cara a proporcionar a la sumisa la tranquilidad y la confianza necesarias para una total entrega a su Amo (sea en sesión aislada o a lo largo de una relación prolongada), así que el Amo, le guste o no, deberá cesar toda actividad en el momento en el que se tenga que cumplir con algún protocolo de seguridad, eso sí, con cabeza y criterio, serenando primero a la sumisa para que hable con su voz normal (en el caso de una llamada) o escriba con un pulso firme (en el de los mensajes).
  Es posible que con el tiempo, según crezca la confianza de la sumisa en su Amo, lo cual sucederá si hay seguridad, respeto, sinceridad y sensatez, las medidas y protocolos de seguridad que impliquen a terceros (como es una llamada o un mensaje) disminuyan o desaparezcan, aunque la seguridad siempre ha de existir del modo que sea, y principalmente por medio de la palabra de seguridad y algún tipo de alarma o práctica consensuada y acordada entre las partes, pues, y repito: Sin seguridad no puede haber consenso, y sin consenso no puede haber BDSM.
3º. SENSATEZ
  Definamos la sensatez como la responsabilidad expresada por ambas partes de cara a practicar BDSM de manera segura y realmente consensuada, siendo la que en definitivas cuentas engloba las normas anteriores, en tanto en cuanto implica el cumplimiento de ciertas obligaciones como son la abstinencia de drogas y alcohol durante o previamente a una sesión, el no poner en práctica algún tipo de juego o técnica sin contar con la suficiente experiencia por parte del Amo (la suspensión por ejemplo) o actuar de forma absurdamente dominante en todo lugar y en todo momento sin considerar el entorno y sus circunstancias. De esta manera, podríamos sintetizar este principio en la siguiente frase: Recibe y toma de tu sumisa sólo lo sensato, y domina y ofrece sólo con sensatez.
  Sin sensatez no puede haber ni consenso ni seguridad, pues si no se presta el consentimiento con cabeza, responsabilidad y lucidez, este se ve adulterado y viciado (tal como lo expliqué anteriormente), y si no se lleva a cabo con sensatez las prácticas, juegos y fantasías, se carece de toda seguridad… Sensatez + seguridad + consenso= BDSM… Sensatez – Seguridad = A no consenso… Consenso – sensatez = a no seguridad…. Consenso – sensatez – seguridad = a nada.
  Como puede verse, las normas básicas del BDSM, se conjugan unas con otras para dar forma a este fantástico mundo, y de fallarse en una las demás se vician, y una vez esto sucede todo se desmorona. Así mismo, y tal como expliqué en mi post titulado “Sinceridad, respeto y confianza”, estos tres pilares se ven fuertemente respaldados y reforzados por los tres eslabones que, y siempre a mi parecer, han de estar igualmente presentes en toda práctica o relación BDSM del tipo que sea, conformando así un hexágono que termina transformándose en una vivencia sana, responsable y placentera para quienes la experimentan.
Sirius B

martes, 13 de agosto de 2019

Dominio con clase

 
 
  En alguna ocasión he hecho referencia ya al papel que como Amo deseo ejercer sobre mi futura sumisa, es decir, ese dominante que soy y el Amo al que aspiro ser con la observancia y cumplimiento de ciertos principios básicos junto a los cuales se encuentran los tres pilares sobre los que se sustenta el BDSM, consenso, seguridad y sensatez.
  Es posible, aunque deseo que poco probable, que con mis escritos haya podido generar una idea “equivocada” de mi espíritu y naturaleza dominante, esto es, que a lo mejor más de alguien pueda pensar que pretendo ser un Amo excesivamente complaciente, o blando para con mi sumisa, que me doblegaré en extremo a su voluntad y con mi actitud encarnaré a un Amo que lo es sólo en su título, o reservado a momentos puntuales en los cuales pueda ejercer este papel más allá del mero simbolismo… Nada más lejos de la realidad, una cosa es que respete, cuide y, en su caso, hasta ame a mi sumisa, pero algo muy distinto es que por culpa de tales sentimientos olvide quién soy y quién es ella en los roles dentro de nuestra relación BDSM.
  Si algo he aprendido con la lectura de artículos y blogs de personas con más experiencia que yo en el BDSM, y concretamente de labios y pluma de dominantes que cargan sobre su espalda décadas de experiencia, es que el arte de la dominación es el equilibrio perfecto entre autoridad, control y dominio por un lado, y afecto, respeto y madurez por otro, es decir, lo que yo he venido a bautizar como el dominio con clase, pues a mi parecer tan ridículo es aquel Amo que se cree que con insultos, golpes y vejaciones, todo ello sazonado con dureza y frialdad, es un Amo cojonudo, como aquel otro que se doblega en extremo a la voluntad de su sumisa hasta desdibujar por completo su rol dentro de la relación, y si bien es cierto que cada cual entiende y vive el BDSM como mejor le parece, y que nadie tiene la verdad absoluta ni el manual del buen Amo o la sumisa de oro, es igualmente cierto que en el BDSM, y particularmente en una relación D/s, hay que cumplir con unos mínimos para mantener la magia y el morbo del juego.
  Así pues, lo que yo entiendo como dominio con clase viene a significar que en mi futura relación D/s actuaré como un Amo comprometido con la relación, que procuraré conocer a mi sumisa como tal y como persona, y la respetaré en todas las áreas en las que el respeto sea un elemento esencial, áreas como sus límites, la palabra de seguridad, sus objetivos personales, etc., lo que en cualquier caso no obsta para que imponga mi dominio, autoridad y control cuándo, cómo y dónde a mí me plazca teniendo en consideración por supuesto los mínimos principios y valores expuestos.
  Iría en contra de mi naturaleza y de mi visión del BDSM que si mi sumisa comete un error por segunda vez, habiéndole yo dado un primer aviso, deje ese error sin castigo, o que si me apetece someter a mi sumisa, respetando por supuesto los límites consensuados previamente, lo haga cuando a ella le parezca y no cuando yo quiera; así mismo, si quiero disciplinarla en su comportamiento, y para ello he de aplicar prácticas como el uso de grilletes, la jaula, el spanking o los azotes, me resulta igualmente lógico que pueda hacerlo sin que ella muestre oposición injustificada o se niegue en rotundo sólo porque no le da la gana, después de todo yo soy el Amo y ella la sumisa.
  Claro, todo esto que digo, que es sólo una pincelada a modo de ejemplo, ha de hacerse con buen criterio, con clase, con madurez y responsabilidad, lo cual ha de estar sazonado, y que nadie dude que lo estará, con una fuerte autoridad, rudeza y una dosis de crueldad cuando toque, pues si por algo me caracterizo es por mi lado algo sádico, y no lo puedo negar, si he de darle a mi dominio cierto grado de crueldad, por supuesto dentro de los límites del BDSM, lo haré.
  Por supuesto, siendo mi sumisa por encima de todo mi pareja, he de observar esos principios propios de seres civilizados, sensatos y responsables, y no negar los obvios sentimientos que entre ambos habrá, pero que nadie se equivoque, no por amarla voy a ser un Amo blando o débil, pues a mi entender no es mejor amo aquel que se muestra excesivamente complaciente, ni tampoco aquel que roza la fina línea del maltratador, sino aquel que domina con clase, aquel que hace de su dominio una vía para alcanzar el placer mutuo, aquel que ejerce su autoridad con fuerza, rudeza y firmeza, pero nunca sobrepasando los límites pactados ni tampoco ignorando las normas básicas del BDSM o las acordadas con la sumisa… Dominar a la sumisa, respetando a la persona.
 
Sirius B
 

lunes, 12 de agosto de 2019

Soy un dominante y no un machista

 
  Este post, si bien será breve, versa sobre un tema que en lo personal considero de capital importancia de cara a la imagen del colectivo BDSM en tanto en cuanto los que lo practicamos sanamente (siguiendo las 3 columnas básicas) somos muchas veces etiquetados con dos calificativos tan  equivocados como denigrantes: Machistas, y aún peor, maltratadores, y si bien como he dicho en muchas oportunidades no me importa con qué etiqueta se me marque (allá la sociedad y sus prejuicios, yo no cambiaré por ello), es igualmente cierto que estos dos términos resultan insultantes y suponen un atentado a mi persona dado que sólo por ver las relaciones de un modo distinto, se me equipara a lacras sociales como son los maltratadores y los machistas.
  Creo yo que hay muchísimas diferencias entre un dominante y un machista maltratador, o entre una sumisa y una víctima de maltrato, partiendo ya por los tres pilares que sustentan toda práctica BDSM, a saber, consenso, seguridad y sensatez… Yo no veo a un maltratador pidiéndole consensuar su maltrato a su pareja, o velando por su seguridad a través de la observancia de límites y de una palabra de seguridad que detenga su maltrato, ni tampoco lo imagino actuando con sensatez y moderación, con un riguroso autocontrol, cuestiones todas ellas que ha de tener un auténtico dominante para poder preciarse como tal.
  Un auténtico dominante vela y cuida de su sumisa como tal y como persona a través del cumplimiento del principio de “someter a la sumisa respetando a la persona”, para el Amo su sumisa es lo más preciado que posee, cuida de ella, la protege, la ayuda a crecer y a ser mejor sirviéndose de su dominio para ayudarla, respeta sus límites, respeta la palabra de seguridad, su voluntad y su libertad, no la ve como alguien inferior sólo por ser mujer ni como alguien carente de todo criterio, de toda razón… A un machista maltratador ni siquiera se le pasa por la cabeza ninguna de estas cuestiones, de estos principios (entre otros), sino que para él su pareja no es nada, no es nadie, sólo una sombra marchita sobre la que descargar su frustración, su misoginia, su estupidez y su mediocridad y miseria ya no sólo como hombre, que también, sino como ser humano.
  La sumisa se entrega a su Amo en cuerpo y alma porque así lo desea, porque lo ve como una figura de poder, de fuerza, pero también de confianza y buen criterio, desea complacerlo porque de ese modo se siente feliz al cumplir con ese rol que ha estado presente en su fantasía, en su mente y su corazón, porque no sólo lo satisface a él, sino también  a sí misma al hacerlo, porque sabe que cuando diga “rojo” todo se detendrá, porque sabe que puede confiar en su Amo, en su comportamiento, en su sensatez, porque el la cuida, porque la respeta en todas las áreas que ha dejado fuera del rol, y en las que están dentro de aquel no ha abusado de su dominio, porque aun estando sometida sabe que es libre, libre para expresarse con plena sinceridad (siempre con respeto y sumisión), libre para poder ser ella misma ante su Amo, y por encima de todo, libre para decir basta y marcharse cuando quiera… Un machista maltratador ni de broma será visto por su pareja de semejante modo, jamás permitirá que tenga libertad y voluntad de elección, no habrá confianza, respeto ni sinceridad, no habrá más que miedo, terror y angustia…
  Ya por último, y sé que este tema bien da para largo y me dejo mucho en el tintero (pero creo que los auténticos miembros del colectivo lo tenemos claro), el BDSM abarca muchas prácticas, y no sólo se reduce únicamente al SM, existiendo sumisas que son sólo eso, sumisas, y descartando cualquier otra práctica, o practicantes de SM que sólo lo practican y no se sienten ni sumisas ni dominantes… Vamos, en mi opinión creer que el BDSM es sólo látigos, azotes, dolor y humillaciones  es un error, y un error además que nos termina reduciendo a esa imagen que los falsos dominantes y las falsas sumisas han procurado dar de nuestro colectivo, y que nos termina reduciendo a “psicópatas narcisistas” y “niñas con el gusto por el maltrato”… Pues que una cosa quede clara: Yo soy un dominante, no un vulgar y miserable machista maltratador.
 
Sirius B
 

Sobre el collar y su poder

    El título de la entrada es muy ilustrativo, de modo que no cabe hacer puntualizaciones ni dar excesivas explicaciones respecto al mism...