domingo, 16 de agosto de 2020

Edulcoremos un poco: Hablemos de amor y BDSM



  Si hay algo que desde pequeño me ha inculcado mi padre es que el respeto se gana, no se impone, y lo mismo sucede con otros sentimientos como el afecto, la admiración, el cariño o el amor, principio que no sólo se aplica en las relaciones sentimentales o de pareja, sino en todos los ámbitos de la vida. Entonces yo me pregunto: ¿Por qué hay  Dominantes que actúan fría y egoístamente con sus propiedades? ¿Por qué intentan imponer la entrega de la sumisa a través de actitudes autoritarias, distantes y que rayan la delgada línea de la crueldad? ¿Será que se creen que ser un buen Amo significa palos, humillaciones, insultos y ser gélido como un iceberg?
  Hay muchos Dominantes que se piensan que cuando se cruzan con una sumisa, aunque esta no sea su propiedad ni tenga intención de serlo, han de reverenciarlos, referirse a ellos como mi señor y entregarse como si fuesen suyas, de modo que las tratan con vulgaridad, despotismo y una autoridad a veces desmedida y, desde luego, inmerecida. No es mejor Dominante quien actúa como un déspota distante, sino quien sabe conquistar la mente y el alma de la sumisa, ganarse su respeto y por lo tanto su entrega. Y he aquí la diferencia clave entre los Dominantes payasos y los auténticos.
  Así, y gracias a señorucos como estos que, con el respaldo de novelas y relatos eróticos donde se retrata a los Dominantes como personajes fríos, traumatizados y sin capacidad de sentir afecto (no existe ejemplo mejor que las dichosas 50 Sombras), sostienen que en el BDSM no hay espacio ni para el cariño/amor, ni tampoco para el romanticismo o la ternura. ¿Y qué es el aftercare, hijos míos? ¿No hay espacio tras una sesión para cuidar de nuestra propiedad, para ayudarla a sentirse bien, para mimarla y aliviar el dolor y el esfuerzo físico y emocional al que la hemos conducido con nuestra dureza, fuerza y autoridad? La respuesta de esos payasos es que no, que la sumisa tiene que aguantar porque para eso eligió ese rol, y como sumisa que es prácticamente ha nacido para eso. Muy Mal, sólo puedo decir esto.
  En esta entrada pretendo, como habrá podido apreciarse, dejar muy claro que un poco de azúcar en el BDSM no está mal y es perfectamente viable, y que los Dominantes no somos unos locos apáticos y déspotas hechos para maltratar, humillar y vejar a nuestras propiedades sin ton ni son.

1º. ¿QUIÉN ES EL AMO DÉBIL?

  Siempre he pensado que el miedo a enamorarse o tratar con afecto, cariño o ternura a una sumisa radica principalmente en el pánico que tienen algunos Dominantes de ser vistos como personas débiles, como si actuando con calor o cariño las sumisas les dejasen de ver como figuras de poder o autoridad. Nada más lejos de la realidad, basta con ver la relación entre los padres y los hijos, o entre un alumno y un profesor por el que se puede sentir respeto, aprecio o admiración, son figuras de poder y autoridad que, salvo que suceda algo muy grave y en contadas excepciones, se han ganado estos sentimientos con su comportamiento y actitud, no a golpe de grito.
  Como llevo dejando claro desde el principio del blog, a mi entender ser un buen Amo no pasa por el maltrato injustificado y la humillación desmedida, sino que depende de la justa mezcla entre sal y azúcar, es decir, saber muy bien cuando mostrarse como esa figura de poder o fuerza, cuando castigar y corregir, cuando guiar y orientar, cuando ser amigo y pareja y cuando Amo y señor.
  Desde que salí de la mazmorra he defendido, y así seguiré haciéndolo hasta que se me demuestre que estoy equivocado,  que la mejor vía para alcanzar la meta de la sumisión de nuestra propiedad no es ser frío y déspota, sino mostrarse como alguien equilibrado, alguien que no tema demostrar sus sentimientos por miedo a parecer débil, alguien que no castigue un buen gesto de su propiedad con un desprecio, sino con una caricia o un gesto amable, que fomente la sumisión y no la convierta en una obligación impuesta por el miedo a una reacción negativa, y ello porque la línea que separa el BDSM del maltrato puede cruzarse con mucha facilidad si no se tiene autocontrol y dominio sobre sí mismo.
  Los Amos débiles no son aquellos que se muestran como los humanos que son, sino los que actúan como máquinas sin sentimientos, y ya no sólo en una relación BDSM de pareja, sino incluso en una simple relación D/s circunscrita sólo al ámbito sexual y a las sesiones esporádicas. Recuerdo que en mis primeras charlas, hablé con una Dómina que es sádica, y ella fue quien me dijo que BDSM y romanticismo no eran incompatible, que para todo había tiempo pues todo tenía su momento y su lugar.
  Es obvio que habrá personas más o menos frías porque está en su carácter, eso es inevitable desde luego, pero una cosa es ser frío o apático porque nuestra personalidad es así, y otra muy distinta es forzarnos a serlo porque creemos, erróneamente, que ser Dominante pasa necesariamente por ahí, y así nos granjearemos el respeto y la admiración de las sumisas.

2º. ¿Amor y BDSM?

  Dejaré a un lado temporalmente las relaciones esporádicas de BDSM y me centraré en las relaciones de pareja, bien sea con el BDSM limitado sólo al ámbito sexual e íntimo, o bien sean parejas que integran en su relación diaria el D/s de alguna forma (sea 24/7 o a medio camino de este). ¿Es posible que haya amor en este tipo de relaciones? Claro que sí, y sinceramente me cuesta muchísimo pensar que en una pareja, aunque sea entre un Amo y su sumisa, no exista amor. Hay quien pensaría que el amor implica la muerte de la dominación y de la sumisión, y yo le diría que no, porque la forma de demostrar amor en este tipo de relaciones es precisamente mediante el BDSM.
  Tengo la sensación que, como dije hace un par de entradas, la necesidad de algunos de los miembros de nuestro colectivo de distanciarse lo más posible de las relaciones vainillas alcanza tal cuota de intensidad, que de pleno se privan de experimentar el amor en una relación de pareja-BDSM y todo por pensar que el amor implicará ser vainilla.
  A mi criterio, y así me gustaría aplicarlo cuando encuentre mi sumisa, el BDSM es una forma alternativa no sólo sexual, sino sentimental, ya que la intensidad con la que se experimentan los sentimientos, ese vínculo potente, esa confianza casi inquebrantable que se forja a lo largo de las sesiones y gracias al respeto del CSS y del CRS, son formas alternativas de experimentar el amor mucho más profunda que las relaciones vainillas, y ahí, amigos y amigas, radica la principal diferencia entre nosotros y los vainillas.
  Sí, es muy posible que alguien sostenga que los vainillas pueden perfectamente aspirar a lo mismo sin necesidad de meter BDSM por medio, pero lo cierto es que la intensidad ni de lejos será igual, la confianza, el vínculo Amo/sumisa, el respeto a las normas consensuadas en la relación, que erigen un marco seguro en el que moverse y experimentar al máximo las emociones, es algo irrepetible. La diferencia la encontramos en la entrega, precisamente en la sumisión y en la dominación, ninguna mujer vainilla se entregará del modo en que lo hace una sumisa, y ya ni qué decir una esclava, y ningún hombre vainilla se implicará tanto en el cuidado, la protección y el amor a su pareja como sí que lo hace un Amo para con su propiedad.
  Quizás hallamos más respuestas a esto en las bases del BDSM, en sus protocolos, en sus actuaciones, en la palabra de seguridad, en la responsabilidad de ambas partes, en el compromiso y en la implicación que conllevan este tipo de relaciones, pues no hay que perder de vista que dominar a una persona, someterla o bien esclavizarla, comporta una responsabilidad casi sagrada. Y lo mismo en la otra dirección, someterse y entregarse a una persona a ojos cerrados, tras comprobar y saber que dicha persona es digna de ello, supone casi un acto de fe que magnifica, ipso facto, cualquier sentimiento que pueda sentirse hacia esa persona, y no nos llamemos a error, si hay alguien que ama intensamente, con todas las consecuencias que eso acarrea, esa es una sumisa, y para ello sólo me remitiré a lo que se conoce como la mirada de la sumisa, una visión que encandila a los Dominantes y que muchos aspiran a experimentar dado que vista desde arriba es algo mágico, tan mágico como la atmósfera creada por el propio Amo.
  En definitivas cuentas, quienes piensan que el amor, la ternura o las emociones más propias de los vainillas no tienen su espacio en el BDSM y sus relaciones, se equivocan estrepitosamente. Aquellos Dominantes que se dicen grandes y fantásticos por ser déspotas, fríos y distantes, que se ganan el “respeto y la devoción” de su propiedad a gritos, vejaciones y desprecios, sólo propiciarán que personajes como Cristian Gray sean el paradigma de lo que somos, el arquetipo y el molde en base al cual se nos juzga, y generarán sumisas dañadas, mal enseñadas, sin voluntad ni valores propios.
  ¿Cómo, en conclusión, conseguimos ser buenos amos? Conociendo a la persona y a la sumisa por igual, y no perdiendo de vista lo que siempre digo: Somete a la sumisa respetando a la persona, y me permitiré añadir que, en los casos de relaciones sentimentales no hay que perder de vista que nuestra sumisa es nuestra pareja, y nuestra pareja es nuestra sumisa.

Nota: Por favor, quiero recordar que aunque hable de Amos y sumisas, es porque escribo desde mi punto de vista, ello no implica que en nuestro colectivo todo se reduzca a heterosexualidad, sino que existe la misma diversidad que en la vida.

Sirius B

sábado, 15 de agosto de 2020

Sobre el respeto a los límites



  He hablado muchas veces sobre el respeto, algo que sin embargo es importante ya no sólo en el BDSM, sino en todas nuestras relaciones humanas, respeto a nuestras decisiones o a las de otros, respeto a nuestra libertad de pensamiento y a las de otros, a nuestra forma de sentir o a las de otros, etc. Es por esto que junto a los tres pilares fundamentales (CSS), integro junto a la confianza y a la sinceridad el respeto como parte de ese exágono de normas básicas en el BDSM.
  Hay mucho sobre lo que podría explayarme en relación al respeto dentro del BDSM, pero en esta ocasión quiero hablar en concreto sobre el respeto fundamental de los límites y como bajo ningún concepto estos pueden verse atropellados de modo alguno por ninguna de las partes. Porque sí, no sólo la parte sumisa puede tener límites, sino que la parte dominante también, y en ambos casos son igualmente respetables.
  Estructuraré la entrada en dos grandes bloques: En el primero explicaré lo que son los límites y su relevancia, y en el segundo la trascendencia que tiene el respeto a los mismos y como la indebida intransigencia puede estropear toda la relación D/s y el vínculo de confianza y seguridad que se haya generado en ella. Me gustaría puntualizar que aunque yo hable de Dominantes y sumisas, como bien he dicho en muchas oportunidades, ello es porque soy heterosexual y son los roles que mejor conozco, lo que no implica que en el BDSM, como en la vida, exista variedad y lo que aquí digo no sea aplicable a Dóminas y sumisos por igual.

1º. LOS LÍMITES

  Cuando pensamos en el BDSM y sus prácticas, no es difícil darnos cuenta de la variedad que existe de ellas y la peligrosidad que tienen arraigada algunas, lo que propicia que no todas sean del gusto de la totalidad de nuestro colectivo, sin olvidar que entre los miembros existe también una inmensa diversidad, siendo quizás la más distintiva aquellos que practican únicamente D/s o bien únicamente sado.
  Frente a este panorama, se hace preciso por tanto crear un medio de garantizar que el BDSM esté para el goce y disfrute de quienes lo practicamos, con independencia de si queda circunscrito sólo al ámbito sexual o como forma de vivir nuestras relaciones. Para ello existen los límites, que no son otra cosa que las fronteras que se pueden llegar a trazar para que la relación BDSM, del tipo que sea, se desarrolle de forma sensata y segura sin traspasar esas barreras previamente establecidas y así, en ese entorno delimitado, vivir al máximo la experiencia y disfrutarla en plenitud.
  Podemos definir, en consecuencia, los límites como ese conjunto de barreras, muros, como quiera llamárseles, con las cuales trazamos una zona de confort en la cual aspiramos a experimentar el BDSM y todo lo que puede aportarnos de forma segura y sensata. Estos límites pueden ser muy variados, y dependen de los gustos y preferencias de cada miembro de la relación, de forma que se hace muy recomendable conocer las prácticas que existen en el BDSM, no de manera exhaustiva, pero sí a grandes rasgos con tal de crearnos una lista de límites y preferencias, siendo los primeros los más importantes.
  En mi caso, por ejemplo, son límites infranqueables la familia, las amistades, la economía y el trabajo, o sea, yo no intervendré en ninguno de estos ámbitos de la vida de mi sumisa (cuando llegue), al menos no de motu proprio, y si llego a hacerlo, porque ella así me lo pida, lo haré sólo en la economía y en los estudios o el trabajo, mas nunca en sus amistades o su familia. Otros límites infranqueables en mi caso son los juegos con agujas, con sangre o fuego, así como la coprofilia y la lluvia arcoíris.
  Puede suceder, porque así he conocido casos, de personas que tenían establecidas ciertas prácticas como límites a priori, pero cuando, por cualquier motivo, han terminado experimentándolas (siempre por propia decisión desde luego) las aceptan y fomentan su práctica en la relación. A estos me gusta conocerlos como límites blandos, es decir, a diferencia de los infranqueables estos pueden variar su estatus de límites y transformarse en una práctica. Por ejemplo, uno de mis límites blandos es el uso de mi sumisa del cinturón de castidad, o bien el animalismo, o los juegos médicos o el empleo de máscaras en los roles.

2º. EL RESPETO A LOS LÍMITES

  Una vez hemos establecido nuestros límites, y tenemos claro cuáles de ellos son infranqueables y cuáles podríamos traspasar en un momento determinado, es fundamental que se lo hagamos saber a la persona con quien pretendemos establecer una relación BDSM del tipo que sea, ya que son estos, en combinación con el conocimiento que de nuestra persona tenga la otra parte, la que nos ayudará a crear la magia, esa atmósfera que se genera cuando ambas partes asumen sus respectivos roles.
  Bajo mi criterio, es fundamental que el Dominante conozca los límites de la sumisa, de esta forma, y conociéndola previamente como persona, podrá convertirse en un Amo completo, alguien que no sólo conoce las fronteras dentro del rol, sino también los gustos y preferencias de la mujer tras aquel. Del mismo modo, si hace conocedora a la sumisa de sus gustos, preferencias y límites, podrá contribuir a que ella desempeñe su rol de una forma más eficiente y placentera para el Amo, contribuyendo así a crear un clima D/s perfecto, exquisito y fantástico para experimentar, vivir y disfrutar cada uno en su rol.
  Para conseguir lo anterior, resulta crucial que el Dominante respete los límites de la sumisa dado que, de hacerlo correctamente, generará en ella una sensación de confianza y tranquilidad que la hará sentirse completamente suya, sabrá que en su señor puede confiar, que la conoce de tal modo que puede dejar la seguridad de la sesión, y de todo aquello que le ceda, en sus manos sin pensárselo demasiado.
  Otro efecto que conlleva el respeto a los límites, y su consiguiente clima de confianza y seguridad, es la salud y estabilidad emocional y mental de nuestras propiedades. Si nuestra sumisa sabe que puede confiar en nosotros, que respetamos sus límites, que la respetamos como persona, estará tranquila, serena, podrá dedicar su mente, desposeída ya de toda tensión o miedo, a crear nuevas formas de crecer como sumisa y como persona, lo que redundará en una mayor entrega hacia su Amo, y por tanto una actitud positiva de aquel para con ella, lo que incrementará las posibilidades de tener una relación BDSM sana y placentera para ambas partes.
  Sin embargo, si de buenas a primeras el Dominante desoye los límites de su sumisa, no los respeta, le exige cambios y renuncias sólo por absurdo y necio egoísmo, porque no le complacen, si impone su voluntad y sólo se hace lo que él quiere, cuando él quiere y como él quiere, lo que provocará será una atmósfera privada de toda confianza, basada en el miedo y la imposición desproporcionada e irrespetuosa, perjudicará emocional y mental mente a su propiedad y, ya cuando se aburra de ella, la dejará reducida a una persona triste y destrozada, insegura de sí misma y sin motivación alguna para seguir adentrándose y conociendo este mundo nuestro y su propio mundo interior.
  Jamás, bajo ningún concepto, una sumisa puede renunciar a sus límites infranqueables, y sólo si ella lo desea puede romper las barreras de sus miedos y abrirse a romper con sus límites blandos. Nunca una sumisa puede permitir que un Dominante cualquiera, sólo porque se dice ser Dominante, haga con ella lo que quiera, la haga renunciar a sus principios y le diga que porque tiene más o menos límites, o porque estos le gustan más o menos, es una mala sumisa, o la compare con otras que, bien por desconocimiento, bien por inseguridad, bien por estar mal enseñadas, permiten que los Dominantes hagan con ellas lo que les plazca e incluso las obliguen a renunciar a sus propios límites, convicciones, sentimientos y pensamientos.
  Así como antes de dominar a nadie un Dominante debe dominarse a sí mismo, una sumisa antes de someterse a alguien ha de someterse a sí misma, entregarse y ser fiel a sus principios, límites e ideas, y del mismo modo, el paso previo de respetar a un señor es respetar su propio señorío interior.

Sirius B

viernes, 14 de agosto de 2020

Tal o cual relación, y el BDSM por medio



  De cara a mejorar mis conocimientos en el BDSM y poder ampliarlos cada día un poco más, no sólo me instruyo en la teoría a través de ensayos, artículos, blogs, etc., sino que voy un paso más allá y busco el conocimiento práctico mediante la interacción con miembros del colectivo, especialmente en grupos de Facebook y foros, y ello con la finalidad de conocer otros puntos de vista y prácticas que quizás no me son conocidas, afinar más mis conocimientos y saber la opinión de las personas en otros entornos.
  En esta labor, cuento también con la ayuda de otros amigos y conocidos, especialmente con la de una amiga Little que tengo, Keilah, quien sabe cómo encontrar grupos de Facebook interesantes y foros donde se leen muy diversas opiniones. Desde aquí un abrazo, Keilah, muchas gracias.
  En uno de estos grupos de Facebook he detectado algo muy curioso, aquello que da título a este artículo, y esto es que se está utilizando el BDSM como excusa o justificación para las relaciones poliamorosas o polígamas, y se hace con argumentos como “la monogamia no existe en el BDSM”, “no eres un buen Dominante si sólo tienes una sumisa”, “no eres un buen sumiso si sólo te entregas a una única Dómina”, y otras sentencias y citas a fines. Este tipo de argumentos me sacan de quicio, después de todo no es erróneo afirmar que un nuestro colectivo son bien vistas las cuadras (colección de sumisas/sumisos), de ahí nacen las hermanas de collar, por ejemplo, y por qué no, aunque yo no conozco a ninguna, que una sumisa o sumiso se entregue a más de un Dominante/Dómina, claro que sí, y no hay problema siempre que ello se haga respetando las normas, los pilares del BDSM (CSS/CRS).
  No obstante, y sin perjuicio de lo anteriormente dicho, existe un trecho muy grande entre admitir y aceptar distintos tipos de relaciones, a afirmar que si se tiene una relación monógama se es un peor Dominante/Dómina o no se es sumisa/sumiso. Que alguien me diga por favor dónde está escrito que el BDSM no admite la monogamia, o dónde está ese maravilloso manual de D/s en el que se especifica que para ser un buen Dominante tengo que tener una cuadra, o que para que una sumisa sea buena en su rol ha de admitir, sin que ello sea un límite totalmente respetable, ser compartida con otros Dominantes/Dóminas.
  El BDSM es parte de la vida, y como tal son respetables todas las prácticas y relaciones, como digo siempre que se respeten sus pilares básicos. Ahora bien, que se respeten y admitan no implica necesariamente que todos y cada uno de sus miembros tengan que pasar por ello, o ser polígamos para poder sentirse integrados en el colectivo.
  Lo más lamentable de esto es que en estos grupos donde se abandera la poligamia no se habla de nada más, apenas de vez en cuando, muy de vez en cuando, surge algún debate en relación a alguna práctica o pregunta más apegada al BDSM, aunque esta no suele ser la tónica habitual, muy por el contrario, de cada 5 debates, 4 son entre los defensores de la poligamia, que se creen poseedores de la verdad absoluta e incuestionable, y aquellos más permisivos y abiertos de mente que intentan hacer ver que el BDSM no es un medio para escudarse tras él y dar justificación a distintos tipos de relaciones, y ello por dos motivos: Primero, y el más importante, cada quien es libre de hacer con su vida lo que bien le parezca y vivir sus relaciones como mejor le plazca, sin que para ello tenga que integrarse en tal o cual colectivo (aunque existen colectivos a fines con estos estilos de vida como es el de swingers). Y, en segundo lugar, el BDSM no se resume en monogamia y poligamia, el BDSM no va de estilos de relaciones más allá del D/s o el S.M, aquí hay Dominantes/Dóminas y sumisas/sumisos, o sádicos/sádicas y masoquistas, de ahí se puede hacer la combinación que se quiera.

  Sin embargo existe cierta explicación a este tipo de conductas, una explicación que sin llegar a justificar semejante comportamiento, brinda sentido a la actitud de estos advenedizos que abogan, a sangre y fuego, por la incompatibilidad entre el BDSM y la monogamia: La gran mayoría de estos Dominantes (porque son todos hombres y no hay Dóminas que lo hagan) y sumisas (porque son en su mayoría mujeres y no hay sumisos que se manifiesten) es que desconocen el BDSM y sólo se unen al colectivo por el morbo. ¿Y cómo sé esto? Fácil, no hay nada más que ver los pocos debates que hay en relación con las prácticas y la teoría más apegadas a nuestro colectivo, en estos es muy raro ver a alguno de los usuarios que sí se encuentran en las masificadas discusiones relativas a defender que el BDSM no es compatible con relaciones monógamas.
  Otra explicación que puede darse a esta actitud, sin que ello excluya a la anterior, es que se piensa que si se es monógamo se está actuando como un vainilla, y como entre estas personas el colectivo vainilla está demonizado, ser polígamo implica diferenciarse y distanciarse más de los apestosos vainillas. Sobre esto no puedo más que expresar mi total rechazo y condena, no en vano, y tal como me dijo en su día una Dómina de renombre y experiencia de décadas, el BDSM y el romanticismo no son agua y aceite, sino que cada cosa tiene su momento, su lugar.
  En relación a esto último, recuerdo, porque me marcó muchísimo, un debate que leí en un foro, debate que se titulaba algo así como “Edulcorar el BDSM”. Recuerdo que entré en el hilo para ver qué opinaban los Dominantes y Dóminas al respecto, y mi sorpresa fue mayúscula: De 6 o 7 usuarios que participaron en la discusión, sólo 2 se negaban a espolvorear su relación D/s con algo que no fuese sal, y los demás, los otros 4 o 5, sostenían que si había algo que les gustaba era, precisamente, echar en su pócima de dominación unas gotas de edulcorante… ¿Y por qué no? ¿Se es mal Amo o Ama si se trata al sumiso o sumisa con cariño y afecto? Hay quien piensa que sí, pero este será tema para la próxima entrada, ahora quiero volver al tema que nos ocupa.
  Así, y como decía antes, estos advenedizos buscan el distanciamiento con todo lo que tenga que ver con lo vainilla, y como monogamia está asociado con lo vainilla, es rechazado tajantemente por este círculo de personas que de este modo, como una suerte de coraza, se protegen de los sentimientos y todo aquello que pueda hacerlos parecer vainillas.
  En conclusión, el BDSM no es una excusa ni una justificación para tener relaciones abiertas, bígamas o polígamas, no, el BDSM es una forma de vivir y disfrutar el sexo y las relaciones, pero en ningún caso ser parte del nuestro colectivo conlleva obligatoriamente renunciar a la monogamia, pues esa es una decisión personal y respetable de cada quien, completamente ajeno a si se es o no parte del colectivo BDSM.

Sirius B

jueves, 13 de agosto de 2020

¿Dónde ha quedado el respeto?



  Antes de iniciar esta entrada, quiero pedir disculpas a mis lectores y lectoras por la tardanza, sé que llevo varias semanas sin publicar nada, pero con toda esta crisis mundial y nacional provocada por la actual pandemia, y trabajando yo en una entidad de ámbito social, he tenido un exceso de trabajo, y ello sin olvidar el último mes de mi primer año en mi programa de doctorado. Hace unos días que inicié mis vacaciones, pero antes de ponerme las pilas con el blog y el resto de redes sociales, me sumergí en un pequeño periodo de desconexión pues, como siempre digo, tanto en la vida como en el BDSM se precisa de una claridad y una paz mental para poder disfrutar de lo que se hace, y siendo el BDSM parte fundamental de mi vida (no sólo de mi sexualidad) no quería escribir chapuzas.
  Dicho lo cual, y reiterando mis más sinceras disculpas para todos mis lectoras y lectores, entremos en materia, que seguro que ya hay ganas.

  Dicho lo anterior, y ya entrando en el tema de esta entrada, quiero hablar sobre un asunto que he advertido y que, tras una charla con una amiga sumisa, ambos coincidimos en que está resultando una cuestión muy preocupante: La total falta de escrúpulos por parte de algunos especímenes que, por la razón que sea, se sienten “Dominantes” y, por otra razón igualmente desconocida, por colgarse esa etiqueta se sienten con el derecho de reclamar para sí, seducir, tentar y, en el peor de los casos, tocar a la propiedad de otro Dominante.
  Por desgracia he sido conocedor de varios testimonios de Dominantes y sumisas que se han sentido atropellados y acosadas respectivamente, por otros “Dominantes”, unos porque han tocado o usado a sus propiedades sin su previo consentimiento, y las segundas porque aún señalando que pertenecen a un Señor, parece que estos especímenes prefieren mostrarse ciegos e ignorar este aviso y se atreven a imponer su voluntad sobre aquellas.
  Es muy posible, y sinceramente creo que esta es la principal razón de esta problemática, que estos advenedizos que, bien por moda o bien por morbo, se suben al carro del BDSM se creen que por colgarse la etiqueta de Dominante ya son amos de toda sumisa que se cruce en su camino, independientemente si esta, primero, quiere ser suya, y segundo, tenga o no señor. Además, hay alguno de estos atropelladores que adoptan una actitud chulesca y dicen que las sumisas no tienen por qué pertenecer a un único señor, o no tiene por qué ser fieles, o bien optan por poner sobre la mesa sus miles de años de experiencia, tal como si eso les concediera el derecho para tomar aquello que es de otros.

  Establezcamos un par de ideas:
-Las sumisas son personas, tienen poder de decisión y no son animales instintivos, ni putas ni zorras fuera de su rol, de modo que si por convicción quieren ser monógamas, o guardar fidelidad a un único señor, están en su derecho y estas dos decisiones, así como todas las que tomen como mujeres, como seres humanos, son total y absolutamente respetables, y ni las décadas de experiencia, ni el cartelito de Dominante, pueden privarlas de ello ni tampoco dan poder alguno a quienes esgrimen estas excusas para imponer su voluntad sobre otras.
-Y, por otro lado, en el BDSM existen unas normas, unos protocolos, más allá del CSS y del CRS que promulgo aquí en mi blog, existen unas costumbres que sirven para mantener la comunidad unida, para mantener la armonía en eventos, encuentros, chats, fiestas, etc., y dos de estas normas son: Primero, nada se hace sin consentimiento, de manera que si la sumisa dice no, es no, punto, no hay más. Y segundo, la propiedad ajena se respeta, si una sumisa está con su señor, y a este no le da la gana compartirla o cederla, esto se ha de respetar, y nuevamente ni los años ni ninguna otra excusa que pueda buscarse otorgan poder alguno para atropellar al Amo dueño de la sumisa.

  De manera que aquí va un consejo para las sumisas/sumisos: Nadie puede obligaros a hacer nada, nadie puede deciros que porque se es Dominante se tiene poder sobre vosotros, nadie puede obligaros a ir en contra de vuestros principios, límites e ideales por muchos años de experiencia que se tenga.
  Y un consejo para los Dominantes/Dóminas: Vuestra propiedad os pertenece, y así como tenéis poder para cederla o compartirla si así lo deseáis y contáis con su consentimiento y consenso, también tenéis derecho a decir que no, a defender lo que es vuestro y a exigir el mismo respeto que pueda pediros otro Dominante con x años más de experiencia que vosotros.

Sirius B

viernes, 1 de mayo de 2020

MATERIALES DE PLACER VOLUMEN 1. INTRODUCCIÓN AL BONDAGE: ESPOSAS, GRILLOS Y GRILLETES



MATERIALES DE PLACER
VOLUMEN 1. INTRODUCCIÓN AL BONDAGE: ESPOSAS, GRILLOS y GRILLETES

  En la entrada anterior os hablé sobre las fantasías más ligadas a la parte sexual del BDSM, sin embargo no se queda ahí y en el siguiente volumen hablaré sobre la fantasía de dominación más en la vida cotidiana, la que podríamos considerar como la segunda parte del artículo anterior sin llegar a serlo directamente.
  Ahora, y cerrando momentáneamente el apartado de las fantasías, permíteme que te adentre en un mundo que, a mí particularmente, me fascina y excita: Los materiales de placer, aunque también me gusta llamarlos instrumentos de placer. Se trata, como no, de todos aquellos instrumentos o materiales con los cuales convertiremos el BDSM, y la relación Amo/sumisa, en mucho más que una fantasía, mucho más que juegos.
  Me gustaría señalar, antes de entrar en materia, que dentro del BDSM existen distintos matices, pero quizás el más delicado sea el del masoquismo y el sadismo. ¿Y por qué digo esto? Porque a lo largo de los siguientes volúmenes sobre los materiales de placer hablaré de instrumentos muy relacionados con este submundo dentro del BDSM. Como principal aspecto, es importante que sepáis que se puede ser un Amo sin ser sádico, y ser sádico sin ser Amo, sucediendo lo mismo con las sumisas, pudiendo ser sumisas a secas o masoquistas a secas. Pero también nos podemos encontrar con Dominantes con cierta dosis sádica (un servidor) y sumisas con cierto grado de masoquismo, así como Dominantes sádicos y sumisas masoquistas. No obstante dejaremos este tema de momento aquí, ya me adentraré en él a su debido tiempo cuando abra las entradas relativas al dolor.

1º. BONDAGE

  El primer concepto que hemos de tener claro a la hora de hablar de ataduras y grilletes es el de bondage, que por si no os habíais dado cuenta es la letra B de las siglas que componen BDSM. Podemos definir el bondage como toda práctica que lleve acabo la inmovilización, parcial o total, de la sumisa, aunque su práctica no queda sólo reservada al BDSM y también podemos verla entre vainillas en lo que, mi querida amiga Lisbed, conoce como vainilla duro.
  Sin embargo en el BDSM vamos un paso más allá de atar simplemente las manos de nuestra sumisa a la cabecera de una cama, y sirviéndonos de distintos instrumentos podemos amordazarla, engrillarla, momificarla o incluso suspenderla o encerrarla en la jaula (sobre las prácticas de enclaustrar y enjaular hablaré a su debido tiempo). Pero quizás uno de los elementos que más se asocian al bondage son las esposas, grillos y grilletes, y las cuerdas. Sobre las primeras hablaré hoy, y sobre las cuerdas y ataduras ya se ocupará mi queridísima amiga Lisbed, quien disfruta más del uso de estas y su forma artística conocida como Shibari.
  El componente erótico y excitante del bondage lo podemos encontrar en la liberación mental proveniente de la cesión de la responsabilidad y el ejercicio de la vulnerabilidad (algo a lo que he hecho referencia en varias entradas). Así, al verse atada la sumisa confía a su Señor la capacidad de acción sobre su cuerpo sin más opción que la liberación de su mente y sus preocupaciones. Esta sensación de tranquilidad provocada por la inhibición del control, sumada al deseo provocado por la dominación, permite a la sumisa dejarse llevar por su Amo, pudiendo ejercer así el abandono erótico de su cuerpo y alcanzar lo conocido como subspace, un estado narcótico provocado por la liberación de las endorfinas sobre el cual hablaré más adelante, nuevamente asociado con el dolor.

2º. ESPOSAS

  Oh, sí, ¿quién no ha oído hablar de las esposas o las ha utilizado alguna vez? Es muy usual, en películas y series, ver como se parodia el uso de las esposas siempre que hay un o una policía en pantalla, y en muchas ocasiones se escucha la frase de: ¿Por qué crees que me hice policías si no fue para conseguir las esposas gratis?
  Las esposas quizás sean de las adquisiciones más fáciles de conseguir para nuestro armario evanescente de las perversiones, ya que no sólo están disponibles en sex shops (aunque en estas tiendas la calidad es indiscutible), sino también en toda tienda que tenga en su haber cualquier tipo de juguete inofensivo erótico (un pack de antifaz y esposas, esposas y plumas, etc.), aunque en este último caso su calidad será significativamente menor pese a que su funcionalidad será la misma.
  En cuanto a los tipos de esposas, aunque te resulte curioso existen algunos muy interesantes, a saber:
- Esposas de rendición. Este tipo de esposas son las típicas que se ven en películas y series medievales, aquellas que van unidas por una cadena a otro juego que se engrilla en los tobillos. En la actualidad, por supuesto, las podemos encontrar bien con una cadena a secas o con una tira regulable para así acortar o alargar la distancia entre manos y pies. Así, si las ponemos por delante, tendremos el trasero de nuestra sumisa a nuestra entera disposición, pero si engrillamos muñecas y tobillos por detrás y las combinamos con una barra separadora… Bueno, el resultado no puede ser mejor, pues tendremos toda la delantera para nosotros, así como sus muslos bien separados para hacer con su coño lo que queramos.
- Esposas unidas por una cadena a una argolla al cuello. Cualquier movimiento de nuestra sumisa será completamente inútil, pues sus manos quedan fuertemente inmovilizadas y van unidas la una con la otra mediante una cadena de no más de 25 cm. con argollas y arandelas soldadas. De esta manera, si nuestra sumisa mueve los brazos sentirá la presión en el cuello dado que la anilla central del collar es el eje de la cadena de las esposas. Así, y con nuestra sumisa a cuatro patas, con sus manos inmovilizadas, y su rostro apoyado sobre la cama, volveremos a tener disponible tanto su culo como su coño para nuestro placer y disfrute.
- Esposas para dedos. Probé estas miniesposas en una ocasión, y no porque sea sumiso o me atraiga esa idea, sino porque no me las tomaba en serio y tuve unas al alcance de mi mano. Se trata de una réplica en miniatura de las grandes, al cerrarse el perímetro de su circunferencia no es mayor al grosor de un pulgar, quedan muy ajustadas y cuando me las puse no pude evitar descojonarme pues ¿cómo iban a limitar mis movimientos unas esposas tan pequeñas? Pero lo hacen, y vamos si lo hacen, al sólo mover los cuatro dedos restantes uno se ve inútil. Gracias a este instrumento podemos inmovilizar a nuestra sumisa dándole una falsa sensación de libertad, pues si bien podrá mover sus brazos y manos, no lo puede hacer en su totalidad y está igualmente a nuestra disposición.
  Seguramente existen muchos tipos y modelos de esposas, aunque aquí yo me he centrado en los más comunes. Según el tipo de Dominante que seas, gustarás de tener esposas de basto y frío metal, o bien acolchadas con terciopelo en la argolla. A mí, en lo personal, me gustan particularmente las completamente metálicas, aunque no negaré que cuento con unas negras forradas de terciopelo para reducir su tacto y roce metálico, y teniendo en cuenta que una sumisa que conozco es alérgica al metal, estas me han venido fantásticamente para cuando he sesionado con ella.

3º. GRILLOS Y GRILLETES

  No, cuando hablo de grillos no me refiero a Pepito Grillo y sus semejantes, sino a esos grilletes que se ocupan de inmovilizar los tobillos, los cuales por supuesto pueden ir unidos entre ellos o bien unidos a otra cosa, como una barra separadora, un potro o una cruz de San Andrés (hablaré sobre este trío de instrumentos más adelante junto a otros no menos excitantes).
  En cuanto a los grilletes, estos son los típicos que se ven en las pelis o series medievales con los que se inmovilizan las muñecas y de ellos cuelgan gruesas cadenas o están empotrados a una pared. No tienen ninguna ciencia, son similares a las esposas y pueden ir, o no, asociados a otros instrumentos mencionados antes para los grillos, además de vincularse con estos.
  Los grillos y grilletes son más gruesos que las esposas, su ancho oscila entre los 5 cm Y los 10 o 12 cm.. Suelen estar hechos de distintos materiales acolchados, entre los que se lista la polipiel, la silicona, las pieles como la gamuza o la propia piel, aunque también los hay de metal, los cuales a mi parecer le aportan más estética y erotismo a la inmovilización con su aspecto más rudo y el tintineo del choque entre el grillete mismo y las cadenas que lo unen.
  No es preciso reiterar lo dicho antes con las esposas, pues los grilletes obedecen a la misma variedad de tipos y modelos, lo que nos permite tener como único límite a la hora de utilizarlos nuestra propia imaginación.

4º. LA ESTÉTICA DE LA INMOVILIZACIÓN

  A modo de breve conclusión diré que no hay nada más excitante que ver a nuestra sumisa atada, esposada o engrillada, vendarle los ojos, inmovilizarle las manos a la espalda y ponerla en un rincón cuando se le quiere castigar, o bien inmovilizarla sobre una cruz de San Andrés o un potro para tomar control absoluto de su cuerpo.
  El poder que nos proporciona la inmovilización de nuestra sumisa, el control sobre todo lo que nos rodea incluido ella misma, sabernos poseedores de un cuerpo al que podemos hacerle lo que deseemos, tener ala a nuestra merced, dotan al bondage y todos los instrumentos que lo componen de una fuerza erótica y excitante única e irrepetible que, en el caso del vainilla duro, los que sólo se quedan en su superficie jamás podrán llegar a probar, pero nosotros, los miembros del colectivo BDSM, saborearemos hasta la extenuación.

Sirius B

miércoles, 29 de abril de 2020

Fantasías volumen 1. Los roles



FANTASÍAS
VOLUMEN 1. EL ROL

  Antes de entrar en materia quiero disculparme por el retraso a la hora de publicar esta entrada. La verdad es que he tenido trabajo, y no sólo relacionado con mis aficiones, sino trabajo real, de modo que he tenido que distribuir mi tiempo entre mis obligaciones laborales, mis proyectos como escritor, y por supuesto mi familia y amigos, lo que me dejaba un margen pequeño para dedicarme a esto. Así mismo, y siendo sincero, soy muy perfeccionista en lo que a estas entradas se refiere, y pese a que el contenido de esta entrada estaba decidido, me faltaba una visita de las musas para poder escribir algo decente que postear.
  Dicho esto, y decidido ya a poner sobre la mesa el contenido del que ya os hablé en la entrada anterior, hoy partiremos por revisar la primera gran fantasía, esa que es el BDSM en sí mismo, la clave de nuestras pasiones: Los roles predeterminados, es decir, Amo y sumisa/esclava.

1º. SUMISA Y ESCLAVA

  Es importante explicar la diferencia entre estos roles, pues no es lo mismo una sumisa que una esclava aunque pueda parecer que sí, siendo la principal distinción la entrega de una y de la otra, así como el papel que juegan dentro de la relación y respecto de su propia vida.
  Podemos decir que la sumisa es aquella mujer que decide someterse a su señor en cuerpo, alma y mente pero no en un 100%, si eso hasta un 95%. Del mismo modo, la apreciación que el señor tiene de su propiedad es esa, la de una sumisa que le ha cedido parte del control pero no en su totalidad, y por lo tanto su dominio queda limitado y circunscrito al pacto que han podido realizar de cara a llevar una relación sana y consensuada.
  La esclava, por el contrario, es aquella sumisa que va un paso más allá y se entrega en cuerpo, alma y mente en un 100%, cede todo, absolutamente todo el control a su señor, le es devota, no tiene más vida que la dictada por su Amo, se despoja de toda voluntad y la deposita en las manos de su dios, no cuestiona sus órdenes, no le pone límites más que los que él mismo pueda marcar, obedece ciegamente y mientras se mantiene el rol activo, no es más que una esclava en el sentido literal de la palabra.
  Así, podemos decir que las propias palabras nos dan la clave de su diferenciación, pues mientras la sumisa actúa como una propiedad sometida, doblegada pero que continúa ostentando parte del control a través de los límites infranqueables, una esclava no es más que eso, una propiedad que cede todo el control de su cuerpo y de su alma a su señor y actúa como tal.
  Me gustaría señalar, ya para terminar, que tanto una como la otra siempre están sujetas a los límites básicos del BDSM, así como a la ética y las normas razonables de una cabeza amueblada y con sentido común, pues por mucho que una esclava actúe como tal y lo sea “a todos los efectos”, cuando se despoja de dicho rol es una persona con sus derechos, con sus aspiraciones, con su vida y con su voluntad intacta, no hay que olvidar nunca que la sumisa decide someterse y la esclava decide esclavizarse, y tal como eligieron asumir esos papeles, bien pueden negarse a cumplirlos y darlos por terminados cuando así les plazca… Esto es una fantasía, y por muy excitante que pueda resultarnos asumir esos papeles, jamás hay que perder el sentido de la realidad que se disfraza con ellos y creerse que se es el verdadero Amo de una persona, que una mujer es verdaderamente nuestra esclava, y por mucho que llevemos al máximo estos roles, son sólo eso, máscaras, unos papeles que así como se iniciaron bien pueden desaparecer.

2º. JUGUEMOS UN POCO A… AMO Y SUMISA

  Sí, esto es lo mejor del BDSM, asumir de una vez los roles y lanzarse a la piscina. Sin embargo somos humanos y esta es la vida real, podemos cometer errores y equivocarnos… ¡Hey! No perdamos los papeles, compartamos unas risas sin perder de vista nuestros roles, pues un Amo que se ríe de sus fallos será grande para su sumisa.
  Una vez ya hemos logrado enfundarnos en nuestros papeles, actuemos como tal… Sumisa, agacha la mirada, baja el tono de voz, despójate de toda autoridad y poder de decisión y entrégate, ahora eres de tu señor y sólo haz de obedecerlo. La magia te envuelve, poco a poco ese hombre que tienes delante se convierte en una figura de poder, de autoridad, te sujeta con rudeza, te besa porque así lo quiere, te toca y te explora a voluntad porque así lo desea, te posee con furia porque eso le excita… Y a ti también, no puedes negarlo.
  Dominante, te has convertido en Amo, ahora eres el que manda, dispone y controla, la tienes ante ti tal y como la querías, cabeza agacha, cabello trenzado y totalmente desnuda, o bien vestida como tú le ordenaste. Las únicas palabras que escuchas que atraviesan sus labios son “sí señor”, “no señor”, ¿Cómo digáis mi señor”, ¿Cómo lo desee mi señor”, y respuestas semejantes… La sumisa es tuya, la esclava te pertenece, puedes hacer con ella lo que quieras y poseerla como te plazca, los límites los pones tú.
  ¿Pero si se está fuera del dormitorio qué pasa? ¿Si postergamos la sesión más allá de las paredes de la habitación o bien vivimos una relación BDSM? ¿Extendemos la fantasía? Por supuesto que sí, Amo y sumisa lo son en todo lugar y en todo momento, por supuesto con los límites marcados y pactados, o sin ellos si se es una esclava… ¿Qué podemos hacer con la sumisa, por ejemplo, en un restaurante, bar o lugar público? Aquí el espacio nos pertenece, nuestra imaginación es nuestra mayor aliada y todo lo que se nos pueda ocurrir sólo cuenta con las fronteras establecidas por los límites infranqueables.
  Ordénale que se quite las bragas si lleva falda o minifalda, y si no las lleva que resalte sus labios si puede con su pantalón, y tú sumisa obedece, claro que sí… Prueba bajo la supervisión de tu señor las mieles del exhibicionismo seguro, sin temores, él está ahí no sólo para disfrutar de ti y tomar lo que quiera, sino para protegerte y garantizar que explores tus sensaciones en un entorno seguro y delicioso… Te mira, sabes que él es plenamente consciente de tu desnudez pues ha sido su idea, sientes su mirada, sus manos al tocarte por debajo de la mesa... ¿Te imaginas cuántos hombres en el entorno se habrán dado cuenta de tu desnudez como lo ha hecho tu Amo?  Una pregunta interesante, ¿verdad? ¿Sientes el morbo recorrer tu cuerpo al imaginarte algo semejante?
  La fantasía la podemos llevar más allá, obedece a tu señor y sé suya, sé su zorra, su sumisa puta, rodeados de amigos y familiares recibes un mensaje… Es tu señor, vaya, quiere que te sometas con discreción… ¿Pero cómo? Fácil: Obedécelo sin rechistar, míralo como tu señor, nadie se dará cuenta, sólo tú y él. Ve al baño, sabes que le gustará verte y luego envíale una foto de su sexo, zorréale, el te quiere bien puta, caliéntalo, rózalo, juega con su deseo, no rechistes, no cuestiones, sólo obedece.
  Construir la fantasía de Amo y sumisa-esclava no es más sencillo que mantenerla y utilizarla, pero es igualmente placentero, y llevarla a cabo allí donde podemos, lugares públicos, en reuniones familiares, en la universidad, etc., convierte al BDSM en una fuente de placer inagotable.

Sirius B

jueves, 16 de abril de 2020

Nueva Dimensión: Un año fuera de la mazmorra



  Hace un año que salí de la mazmorra y me declaré abiertamente como un Dominante miembro del Colectivo BDSM, y no mucho después (julio del año pasado) abrí este blog con el objetivo de dejar en él plasmado tanto mis impresiones como mis propias opiniones y perspectivas de este mundo, sirviendo no sólo como vía de escape y jardín de mis propios pensamientos, que también, sino como una fuente de conocimiento teórico/práctico de la cual puedan beber todos aquellos y aquellas curiosos y curiosas que desean saber más, y quién sabe, hasta decidirse finalmente y unirse al colectivo del BDSM.
  He transmitido mis conocimientos y mi modo de ver el BDSM, he dejado claro algunos conceptos en la medida de lo posible y he dado a conocer mi postura, mi entender y mi forma de vivirlo. Sin embargo hay algo en lo que todavía no he entrado y que hoy, con motivo de mi aniversario fuera de la mazmorra, he decidido aventurarme y empezar a compartir contigo, permitiéndome incluso el lujo de romper la cuarta pared virtual que hasta hoy ha estado entre nosotros, tú que me lees y yo, Sirius B, el Dominante que escribe. Hablo de las fantasías, las prácticas, las herramientas de las que un Dominante se sirve en una sesión para crear lo que se conoce como la magia, ese poder que se va construyendo poco a poco y que desemboca en la sumisión de nuestra propiedad y nos permite adoptar ese rol que tanto nos excita, que nos conduce al éxtasis y que nos ayuda a conducir a nuestra sumisa por la senda del placer.
  Iniciaré a partir de aquí una serie de entradas dedicadas a la cara más práctica y menos teórica del BDSM, dedicaré algunas entradas a describir fantasías y en otras hablaré de los materiales del placer, comentaré prácticas, algunas que me gustan y otras que no, y puede que, en algún momento, recree narrativamente alguna sesión.
  Quiero dejar clara una cosa: A partir de aquí hablaré únicamente de sumisas, y ello porque soy heterosexual y desconozco las prácticas que una Dómina puede ejercer sobre un sumiso. Sin embargo permíteme que te diga que tengo pensado pedirle a una buena amiga que tengo en el colectivo su colaboración y quizás alguna entrada sea redactada por ella para dar nociones prácticas desde el punto de vista de una Dómina para con su sumiso, que no tiene diferencias, mas sí matices.
  Por supuesto esta primera entrada será introductoria, en ella intentaré dejar claro los tres pilares que como una rueda iré tratando a partir de la próxima semana: Fantasías, materiales de placer y prácticas.

1º. FANTASÍAS

  Soy de los que piensa y defiende que la mente es el órgano sexual más poderoso, y no porque lo haya escuchado por ahí y simplemente siga una moda, sino porque he tenido ocasión de comprobarlo en mis propias carnes tanto como receptor de fantasías como emisor de las mismas. La imagen que una persona nos puede transmitir con sus palabras, eso sí, según como las diga, puede traer a nuestra mente una escena clara, viva, exquisita, disparar nuestros pensamientos y convertirlos en una fuente increíble de placer.
  Las fantasías cumplen un papel primordial en el BDSM, partiendo por la base que este se asienta sobre la fantasía primaria de Amo y sumisa, Señor y esclava, Dueño y propiedad. Así pues, la primera fantasía que construimos en una relación BDSM del tipo que sea es precisamente esta, la de roles bien establecidos, una persona en una posición de poder con una potestad absoluta sobre la otra que, como no puede ser de otra forma, se somete, se arrodilla y se prosterna ante una voluntad ajena.
  Desde este punto de partida el abanico de posibilidades se torna infinito, el único límite que encontramos son en sí los propios roles dado que todo lo que tenemos que hacer es construir entorno a ellos y erigir, con ayuda de atrezo o no, la fantasía que mejor se adapte a nuestros gustos. El Amo toma el control, construye, utiliza su poder para desatar su magia y sumir a la sumisa en ese trance placentero que sus fantasías hacen crecer y alimentan.
  La imaginación es también un aliado poderoso para cuando existe una distancia física entre el Amo y su propiedad, pues ha de ingeniárselas para seguir siendo el Amo sin el poder de su presencia, de su mirada o de sus gestos. Cierto es que hoy la tecnología nos permite disfrutar de videollamadas y por lo tanto contar con una imagen para alcanzar ese objetivo, sin embargo hay circunstancias que pueden imposibilitarlo pero que, por su contexto, se convierten en escenarios únicos y maravillosos para activar los roles y poner a la sumisa en su lugar al tiempo que se le conduce rumbo al placer.
  De esto hablaré largo y tendido en las entradas que correspondan a las fantasías, describiré situaciones, contextos y circunstancias, hablaré de la lejanía y la proximidad, del entorno, como hacer que la sumisa se sienta propiedad aún en los lugares más insospechados, como construir con el poder de la palabra escenas cargadas de erotismo y convertir al BDSM en un aliado único e irremplazable junto con nuestra imaginación.

2º. MATERIALES DE PLACER

  He conocido a quien las llama herramientas, juguetes, utensilios, etc., yo prefiero llamarlas materiales de placer pues para mí son eso, materiales de los que todo Dominante se sirve para darse placer a sí mismo y por supuesto a su sumisa. Se trata de una amplia gama de materiales de distintas formas y para distintos usos, aunque algunos de ellos son tan versátiles que se prestan para recorrer sendas diferentes.
  Si el cuerpo de nuestra sumisa es todo un mundo con rincones prohibidos que explorar para llegar a nuestra meta común que es el placer, y las fantasías son el mapa que nos permite recorrer dicho mundo de formas muy variadas, tomando caminos exquisitos y nunca repetitivos (salvo que nos guste mucho la senda), los materiales de placer son nuestro transporte que nos dará el apoyo necesario para conseguirlo, son esas provisiones con las que contamos para no hacer viajes al éxtasis monótonos ni agotadores.
  Así pues, este será el segundo punto que quiero presentarte, te hablaré de todos los materiales que conozco o pueda conocer, los usos que se les puede dar, como utilizarlos, en qué contextos y bajo qué circunstancias, etc.



3º. PRÁCTICAS

  Ya por último este apartado que no es otra cosa más que un compendio de las anteriores, es decir, la puesta en marcha de las fantasías y el empleo de los materiales de placer. Las prácticas sólo pueden ser placenteras si las ejecutamos bien, aunque francamente nadie es perfecto y sabe como hacer que una práctica le salga redonda a la primera.
  Tengo por finalidad aquí ser más narrativo, compartir contigo mis experiencias, cómo conseguir que una práctica te salga bien y la puedas mejorar, las distintas prácticas que se engloban en el BDSM, algunas que me agradan y otras que no, etc., todo ello por supuesto desde mi experiencia personal y siempre desde el respeto y la sensatez.

Sirius B

Sobre el collar y su poder

    El título de la entrada es muy ilustrativo, de modo que no cabe hacer puntualizaciones ni dar excesivas explicaciones respecto al mism...