miércoles, 29 de abril de 2020

Fantasías volumen 1. Los roles



FANTASÍAS
VOLUMEN 1. EL ROL

  Antes de entrar en materia quiero disculparme por el retraso a la hora de publicar esta entrada. La verdad es que he tenido trabajo, y no sólo relacionado con mis aficiones, sino trabajo real, de modo que he tenido que distribuir mi tiempo entre mis obligaciones laborales, mis proyectos como escritor, y por supuesto mi familia y amigos, lo que me dejaba un margen pequeño para dedicarme a esto. Así mismo, y siendo sincero, soy muy perfeccionista en lo que a estas entradas se refiere, y pese a que el contenido de esta entrada estaba decidido, me faltaba una visita de las musas para poder escribir algo decente que postear.
  Dicho esto, y decidido ya a poner sobre la mesa el contenido del que ya os hablé en la entrada anterior, hoy partiremos por revisar la primera gran fantasía, esa que es el BDSM en sí mismo, la clave de nuestras pasiones: Los roles predeterminados, es decir, Amo y sumisa/esclava.

1º. SUMISA Y ESCLAVA

  Es importante explicar la diferencia entre estos roles, pues no es lo mismo una sumisa que una esclava aunque pueda parecer que sí, siendo la principal distinción la entrega de una y de la otra, así como el papel que juegan dentro de la relación y respecto de su propia vida.
  Podemos decir que la sumisa es aquella mujer que decide someterse a su señor en cuerpo, alma y mente pero no en un 100%, si eso hasta un 95%. Del mismo modo, la apreciación que el señor tiene de su propiedad es esa, la de una sumisa que le ha cedido parte del control pero no en su totalidad, y por lo tanto su dominio queda limitado y circunscrito al pacto que han podido realizar de cara a llevar una relación sana y consensuada.
  La esclava, por el contrario, es aquella sumisa que va un paso más allá y se entrega en cuerpo, alma y mente en un 100%, cede todo, absolutamente todo el control a su señor, le es devota, no tiene más vida que la dictada por su Amo, se despoja de toda voluntad y la deposita en las manos de su dios, no cuestiona sus órdenes, no le pone límites más que los que él mismo pueda marcar, obedece ciegamente y mientras se mantiene el rol activo, no es más que una esclava en el sentido literal de la palabra.
  Así, podemos decir que las propias palabras nos dan la clave de su diferenciación, pues mientras la sumisa actúa como una propiedad sometida, doblegada pero que continúa ostentando parte del control a través de los límites infranqueables, una esclava no es más que eso, una propiedad que cede todo el control de su cuerpo y de su alma a su señor y actúa como tal.
  Me gustaría señalar, ya para terminar, que tanto una como la otra siempre están sujetas a los límites básicos del BDSM, así como a la ética y las normas razonables de una cabeza amueblada y con sentido común, pues por mucho que una esclava actúe como tal y lo sea “a todos los efectos”, cuando se despoja de dicho rol es una persona con sus derechos, con sus aspiraciones, con su vida y con su voluntad intacta, no hay que olvidar nunca que la sumisa decide someterse y la esclava decide esclavizarse, y tal como eligieron asumir esos papeles, bien pueden negarse a cumplirlos y darlos por terminados cuando así les plazca… Esto es una fantasía, y por muy excitante que pueda resultarnos asumir esos papeles, jamás hay que perder el sentido de la realidad que se disfraza con ellos y creerse que se es el verdadero Amo de una persona, que una mujer es verdaderamente nuestra esclava, y por mucho que llevemos al máximo estos roles, son sólo eso, máscaras, unos papeles que así como se iniciaron bien pueden desaparecer.

2º. JUGUEMOS UN POCO A… AMO Y SUMISA

  Sí, esto es lo mejor del BDSM, asumir de una vez los roles y lanzarse a la piscina. Sin embargo somos humanos y esta es la vida real, podemos cometer errores y equivocarnos… ¡Hey! No perdamos los papeles, compartamos unas risas sin perder de vista nuestros roles, pues un Amo que se ríe de sus fallos será grande para su sumisa.
  Una vez ya hemos logrado enfundarnos en nuestros papeles, actuemos como tal… Sumisa, agacha la mirada, baja el tono de voz, despójate de toda autoridad y poder de decisión y entrégate, ahora eres de tu señor y sólo haz de obedecerlo. La magia te envuelve, poco a poco ese hombre que tienes delante se convierte en una figura de poder, de autoridad, te sujeta con rudeza, te besa porque así lo quiere, te toca y te explora a voluntad porque así lo desea, te posee con furia porque eso le excita… Y a ti también, no puedes negarlo.
  Dominante, te has convertido en Amo, ahora eres el que manda, dispone y controla, la tienes ante ti tal y como la querías, cabeza agacha, cabello trenzado y totalmente desnuda, o bien vestida como tú le ordenaste. Las únicas palabras que escuchas que atraviesan sus labios son “sí señor”, “no señor”, ¿Cómo digáis mi señor”, ¿Cómo lo desee mi señor”, y respuestas semejantes… La sumisa es tuya, la esclava te pertenece, puedes hacer con ella lo que quieras y poseerla como te plazca, los límites los pones tú.
  ¿Pero si se está fuera del dormitorio qué pasa? ¿Si postergamos la sesión más allá de las paredes de la habitación o bien vivimos una relación BDSM? ¿Extendemos la fantasía? Por supuesto que sí, Amo y sumisa lo son en todo lugar y en todo momento, por supuesto con los límites marcados y pactados, o sin ellos si se es una esclava… ¿Qué podemos hacer con la sumisa, por ejemplo, en un restaurante, bar o lugar público? Aquí el espacio nos pertenece, nuestra imaginación es nuestra mayor aliada y todo lo que se nos pueda ocurrir sólo cuenta con las fronteras establecidas por los límites infranqueables.
  Ordénale que se quite las bragas si lleva falda o minifalda, y si no las lleva que resalte sus labios si puede con su pantalón, y tú sumisa obedece, claro que sí… Prueba bajo la supervisión de tu señor las mieles del exhibicionismo seguro, sin temores, él está ahí no sólo para disfrutar de ti y tomar lo que quiera, sino para protegerte y garantizar que explores tus sensaciones en un entorno seguro y delicioso… Te mira, sabes que él es plenamente consciente de tu desnudez pues ha sido su idea, sientes su mirada, sus manos al tocarte por debajo de la mesa... ¿Te imaginas cuántos hombres en el entorno se habrán dado cuenta de tu desnudez como lo ha hecho tu Amo?  Una pregunta interesante, ¿verdad? ¿Sientes el morbo recorrer tu cuerpo al imaginarte algo semejante?
  La fantasía la podemos llevar más allá, obedece a tu señor y sé suya, sé su zorra, su sumisa puta, rodeados de amigos y familiares recibes un mensaje… Es tu señor, vaya, quiere que te sometas con discreción… ¿Pero cómo? Fácil: Obedécelo sin rechistar, míralo como tu señor, nadie se dará cuenta, sólo tú y él. Ve al baño, sabes que le gustará verte y luego envíale una foto de su sexo, zorréale, el te quiere bien puta, caliéntalo, rózalo, juega con su deseo, no rechistes, no cuestiones, sólo obedece.
  Construir la fantasía de Amo y sumisa-esclava no es más sencillo que mantenerla y utilizarla, pero es igualmente placentero, y llevarla a cabo allí donde podemos, lugares públicos, en reuniones familiares, en la universidad, etc., convierte al BDSM en una fuente de placer inagotable.

Sirius B

jueves, 16 de abril de 2020

Nueva Dimensión: Un año fuera de la mazmorra



  Hace un año que salí de la mazmorra y me declaré abiertamente como un Dominante miembro del Colectivo BDSM, y no mucho después (julio del año pasado) abrí este blog con el objetivo de dejar en él plasmado tanto mis impresiones como mis propias opiniones y perspectivas de este mundo, sirviendo no sólo como vía de escape y jardín de mis propios pensamientos, que también, sino como una fuente de conocimiento teórico/práctico de la cual puedan beber todos aquellos y aquellas curiosos y curiosas que desean saber más, y quién sabe, hasta decidirse finalmente y unirse al colectivo del BDSM.
  He transmitido mis conocimientos y mi modo de ver el BDSM, he dejado claro algunos conceptos en la medida de lo posible y he dado a conocer mi postura, mi entender y mi forma de vivirlo. Sin embargo hay algo en lo que todavía no he entrado y que hoy, con motivo de mi aniversario fuera de la mazmorra, he decidido aventurarme y empezar a compartir contigo, permitiéndome incluso el lujo de romper la cuarta pared virtual que hasta hoy ha estado entre nosotros, tú que me lees y yo, Sirius B, el Dominante que escribe. Hablo de las fantasías, las prácticas, las herramientas de las que un Dominante se sirve en una sesión para crear lo que se conoce como la magia, ese poder que se va construyendo poco a poco y que desemboca en la sumisión de nuestra propiedad y nos permite adoptar ese rol que tanto nos excita, que nos conduce al éxtasis y que nos ayuda a conducir a nuestra sumisa por la senda del placer.
  Iniciaré a partir de aquí una serie de entradas dedicadas a la cara más práctica y menos teórica del BDSM, dedicaré algunas entradas a describir fantasías y en otras hablaré de los materiales del placer, comentaré prácticas, algunas que me gustan y otras que no, y puede que, en algún momento, recree narrativamente alguna sesión.
  Quiero dejar clara una cosa: A partir de aquí hablaré únicamente de sumisas, y ello porque soy heterosexual y desconozco las prácticas que una Dómina puede ejercer sobre un sumiso. Sin embargo permíteme que te diga que tengo pensado pedirle a una buena amiga que tengo en el colectivo su colaboración y quizás alguna entrada sea redactada por ella para dar nociones prácticas desde el punto de vista de una Dómina para con su sumiso, que no tiene diferencias, mas sí matices.
  Por supuesto esta primera entrada será introductoria, en ella intentaré dejar claro los tres pilares que como una rueda iré tratando a partir de la próxima semana: Fantasías, materiales de placer y prácticas.

1º. FANTASÍAS

  Soy de los que piensa y defiende que la mente es el órgano sexual más poderoso, y no porque lo haya escuchado por ahí y simplemente siga una moda, sino porque he tenido ocasión de comprobarlo en mis propias carnes tanto como receptor de fantasías como emisor de las mismas. La imagen que una persona nos puede transmitir con sus palabras, eso sí, según como las diga, puede traer a nuestra mente una escena clara, viva, exquisita, disparar nuestros pensamientos y convertirlos en una fuente increíble de placer.
  Las fantasías cumplen un papel primordial en el BDSM, partiendo por la base que este se asienta sobre la fantasía primaria de Amo y sumisa, Señor y esclava, Dueño y propiedad. Así pues, la primera fantasía que construimos en una relación BDSM del tipo que sea es precisamente esta, la de roles bien establecidos, una persona en una posición de poder con una potestad absoluta sobre la otra que, como no puede ser de otra forma, se somete, se arrodilla y se prosterna ante una voluntad ajena.
  Desde este punto de partida el abanico de posibilidades se torna infinito, el único límite que encontramos son en sí los propios roles dado que todo lo que tenemos que hacer es construir entorno a ellos y erigir, con ayuda de atrezo o no, la fantasía que mejor se adapte a nuestros gustos. El Amo toma el control, construye, utiliza su poder para desatar su magia y sumir a la sumisa en ese trance placentero que sus fantasías hacen crecer y alimentan.
  La imaginación es también un aliado poderoso para cuando existe una distancia física entre el Amo y su propiedad, pues ha de ingeniárselas para seguir siendo el Amo sin el poder de su presencia, de su mirada o de sus gestos. Cierto es que hoy la tecnología nos permite disfrutar de videollamadas y por lo tanto contar con una imagen para alcanzar ese objetivo, sin embargo hay circunstancias que pueden imposibilitarlo pero que, por su contexto, se convierten en escenarios únicos y maravillosos para activar los roles y poner a la sumisa en su lugar al tiempo que se le conduce rumbo al placer.
  De esto hablaré largo y tendido en las entradas que correspondan a las fantasías, describiré situaciones, contextos y circunstancias, hablaré de la lejanía y la proximidad, del entorno, como hacer que la sumisa se sienta propiedad aún en los lugares más insospechados, como construir con el poder de la palabra escenas cargadas de erotismo y convertir al BDSM en un aliado único e irremplazable junto con nuestra imaginación.

2º. MATERIALES DE PLACER

  He conocido a quien las llama herramientas, juguetes, utensilios, etc., yo prefiero llamarlas materiales de placer pues para mí son eso, materiales de los que todo Dominante se sirve para darse placer a sí mismo y por supuesto a su sumisa. Se trata de una amplia gama de materiales de distintas formas y para distintos usos, aunque algunos de ellos son tan versátiles que se prestan para recorrer sendas diferentes.
  Si el cuerpo de nuestra sumisa es todo un mundo con rincones prohibidos que explorar para llegar a nuestra meta común que es el placer, y las fantasías son el mapa que nos permite recorrer dicho mundo de formas muy variadas, tomando caminos exquisitos y nunca repetitivos (salvo que nos guste mucho la senda), los materiales de placer son nuestro transporte que nos dará el apoyo necesario para conseguirlo, son esas provisiones con las que contamos para no hacer viajes al éxtasis monótonos ni agotadores.
  Así pues, este será el segundo punto que quiero presentarte, te hablaré de todos los materiales que conozco o pueda conocer, los usos que se les puede dar, como utilizarlos, en qué contextos y bajo qué circunstancias, etc.



3º. PRÁCTICAS

  Ya por último este apartado que no es otra cosa más que un compendio de las anteriores, es decir, la puesta en marcha de las fantasías y el empleo de los materiales de placer. Las prácticas sólo pueden ser placenteras si las ejecutamos bien, aunque francamente nadie es perfecto y sabe como hacer que una práctica le salga redonda a la primera.
  Tengo por finalidad aquí ser más narrativo, compartir contigo mis experiencias, cómo conseguir que una práctica te salga bien y la puedas mejorar, las distintas prácticas que se engloban en el BDSM, algunas que me agradan y otras que no, etc., todo ello por supuesto desde mi experiencia personal y siempre desde el respeto y la sensatez.

Sirius B

jueves, 26 de marzo de 2020

Dominante, payaso o vainilla



  En este artículo quiero tocar un tema que en mi opinión es importante para las sumisas, también para todo Dominante que se precie como tal, pero aspiro a que a través de las nociones que voy a ofrecer aquí las sumisas descubran que no todo personaje que se declare como Dominante lo es, que esto no consiste en ver 50 Sombras, pegarse la etiqueta y hala, ya eres un Dominante de los pies a la cabeza, aquí o se tiene la vocación o se hará el ridículo, transmitiendo la triste imagen de un personajillo acomplejado que no tiene nada mejor que hacer que seguir una moda. El BDSM no es una moda, el rol de Dominante no es algo que pueda tomarse a la ligera y saber reconocer a un buen Dominante de uno mediocre o patéticamente machote, puede suponer la diferencia para una sumisa de hacer del BDSM una experiencia maravillosa o un fiasco rotundo.
  Antes de entrar en materia me gustaría puntualizar algo: Hay una diferencia entre Amo y Dominante y esta radica en que el Amo es aquel que tiene una sumisa a sus pies, mientras que Dominante es todo aquel que asuma este rol con o sin sumisa; es decir, todos los Amos son Dominantes, pero no todos los Dominantes son Amos*. Bajo esta premisa hablaré de Dominantes como la categoría que nos engloba a todos los que decidimos asumir este rol, independientemente si se tiene o no sumisa. Y como último matiz me gustaría dejar claro que ser Amo, o sea sé, tener sumisa no le hace a uno mejor que un Dominante sin sumisa, aquí cada quien vive el BDSM como mejor le place, nadie sabe más que nadie ni nadie es mejor que el que tiene al lado, principio que bien puede ser aplicado también a las sumisas; se puede tener más o menos experiencia, más o menos confianza en uno mismo, pero quien disfruta de este mundo como es debido, ya es mejor que muchas otras aberraciones que se dicen ser sumisas o que se hacen llamar Dominantes.
  Entrando por fin en materia, a continuación  hablaré de 3 tipos de Dominantes que en definitiva son los que yo conozco por mi experiencia: El Dominante al que llamo payaso, el Dominante al que yo llamo Vainilla, y el Dominante por excelencia, el que lo es y se ha ganado ese título.

1º. EL DOMINANTE PAYASO

  Este personaje supongo que siempre ha existido, eso está claro, pero así como también sucedió con las sumisas, su imagen parece haberse extendido tras el estreno de la saga fílmica de 50 Sombras.
  Su perfil no es difícil de reconocer: Se trata de alguien completamente inseguro de sí mismo y de su rol, quien requiere constantemente el reconocimiento de toda sumisa con la que se cruza y quien necesita estar constantemente recordándose a sí mismo y al mundo que “es un Dominante” que “es un Señor”. Normalmente impone su voluntad nada más identifica a una sumisa, y si esta carece de cualquier experiencia mucho mejor pues su autoridad se ve reforzada con una absurda sensación de superioridad, la cual expresa con citas del tipo “llevo x años en esto y sé lo que te digo”, “deberías hacerme caso porque sé lo que digo y tú eres sólo una sumisa inexperta”, “hazme caso porque yo soy el Amo y tengo mucha experiencia”, etc., y estas frases no me las he inventado, son el testimonio de sumisas que he conocido y que se han cruzado con estos payasos.
  El Dominante payaso se percibe a sí mismo como alguien fuerte, como alguien con autoridad, pero como en el fondo no está seguro ni siquiera de lo que realmente es tiene que recordarlo, que expresarlo, tiene que dejar clara su posición “superior” en todo momento, humillando, rebajando, maltratando a la sumisa sin ningún tipo de criterio, haciéndola sentir que es sumisa y que él es Amo, impone su autoridad y desprecia la debilidad, algo que no es de extrañar dado que en el fondo él es débil.
  El payaso muchas veces hará el loco, sacará el látigo sin motivo ni razón, impondrá su autoridad sin pensar siquiera lo que significa esa palabra, no buscará el respeto de la sumisa porque para él ya sólo con ser Dominante el respeto está servido. No se preocupa por conocer a la persona tras el rol, no le importa, lo que lo desenmascara como el egoísta que es y es esto quizás lo que más evidencia al payaso, apenas se cruza con una sumisa le impone reglas, normas, horarios, sin siquiera hablar con ella más que un falso saludo de cortesía… ¿Dónde quedan los límites, payaso, y el respeto a los mismos? Ah, lo olvidaba, tú eres el señor y por lo tanto la sumisa está a tu servicio, los límites los marcas tú con tu criterio, con tu idiotez y con tu inexistente sabiduría y experiencia.
  Recuerdo que una sumisa me contó el caso de uno de estos engendros que apenas en su primera charla, sin siquiera interesarse por ella desde luego, le impuso que no pasaría las navidades con su familia sino con él en su biblioteca (forma en la que llamaba a su mazmorra)… Un aplauso por semejante muestra de criterio. Por lo menos la sumisa tuvo sentido común y lo bloqueó rápidamente. En otra ocasión me contó otra sumisa, que un payaso la obligó a enviarle fotos y videos de ella desnuda bajo la premisa que él era su señor y ella tenía que obedecerle ciegamente, y eso que ni siquiera era su Amo.
  Lo más lamentable de todo esto es que se justifican arguyendo precisamente que el BDSM lo pueden vivir como quieran… Permíteme que te diga algo, payaso: Sí, tal como dice mi amigo y maestro, El Faro, el BDSM está a nuestro servicio y no al revés, pero ello siempre y cuando no le hagamos daño a otras personas, no las perjudiquemos y no transgredamos la ley esencial de BDSM: Seguridad, Consenso y Sensatez, porque de hacerlo infligimos la base, la esencia de nuestros roles, traspasamos una línea que garantiza el disfrute de todos los que formamos parte del colectivo.
  En fin, creo que la imagen del Dominante payaso ha quedado bien perfilada, una efigie que simboliza la ridiculez, el egoísmo, la carencia de criterio y la idiotez. Espero que esta plaga, que a todo esto da mala reputación a los buenos Dominantes, sea desenmascarada por sus víctimas tan pronto asoman su nariz por los círculos de nuestro colectivo.

2º. EL DOMINANTE VAINILLA

  A lo largo de mi blog he hablado muchas veces sobre lo perjudiciales que son los extremos en todo y en el BDSM, como igualmente he reiterado, no es la excepción. Así, pasamos de un Dominante payaso a un tipo de Dominante que ni siquiera puede aseverar que lo sea: El Dominante vainilla.
  Tenemos claro quienes participamos de este colectivo que una vez en los roles los papeles quedan perfectamente definidos, la sumisa es una figura dominada que está a merced de su Señor, que se postra a sus pies y profesa por él respeto y actúa con obediencia, es suya, le pertenece en cuerpo, mente y alma. El Dominante es lo contrario, encarna la autoridad, el poder, el dominio, es rudo, fuerte – por supuesto sin perder de vista otras virtudes y cualidades compatibles y que ahora no vienen al caso -, es, por lo tanto, la representación misma de un Amo.
  Sin embargo el Dominante vainilla no encarna nada de esto, muy por el contrario, es excesivamente complaciente, no muestra fuerza, no muestra autoridad, si su sumisa se le revela él simplemente se retracta, deposita en ella prácticamente todo el poder que él debería tener. En lugar de ejercer dominio lo pierde, y ello porque se ampara en la idea de un romanticismo caballeresco, decimonónico, principesco, en el cual no tiene cabida las prácticas propias del BDSM, él es, por lo tanto, el representante de lo que una amiga que tengo llama vainilla duro, esto es, prácticas mínimas de BDSM, aquellas que en un momento dado cualquiera puede practicar: Vendas en los ojos, juegos con una pluma o hielo, esposas, etc..
  El Dominante vainilla se percibe a sí mismo como un buen Amo, se eleva a lo más alto porque considera que su sistema complaciente y excesivamente condescendiente hace feliz a la sumisa que lo ve como un Amo romántico, dulce y sensible.
  Sólo he conocido un caso de este tipo y según me contó la sumisa que lo conocía él tenía una tabla de castigo en la que atribuía a la falta cierto grado, en función de dicho grado daba un número determinado de azotes, minutos con pinzas en los pezones, etc., algo que en mi opinión es del todo ineficaz y le resta toda la gracia a la relación Amo/sumisa en tanto en cuanto ella puede regular su falta en función de lo que desee. Sin embargo esto no era lo peor pues según me contó esta sumisa, la única vez que intentaron sesionar él ni siquiera sabía como dar una nalgada, y cuando ella dijo rojo no le hizo caso y continuó, llevándola directamente al enfado y provocando que la débil atmósfera que se había generado a duras penas se viese del todo destrozada. Así mismo, ella muchas veces, y siempre a modo de juego, provocaba sus reacciones y cuando tenía la respuesta que buscaba expresaba su desacuerdo con ella, retractándose el Dominante de forma automática y aseverándole que esa sería la última vez que la perdonaba, cosa que en todo caso era del todo falso pues en ocasiones posteriores sucedía exactamente lo mismo.
  El Dominante vainilla por lo tanto no se siente poderoso, no se siente autoritario, no se embriaga de esas sensaciones que toman el alma y la mente de los Dominantes cuando ejercemos nuestro dominio. En mi opinión sólo actúa por complacencia y ello aplicado a todos los aspectos de la relación, partiendo incluso por su rol Dominante el cual no es auténtico, sino un disfraz, una mascarada que tiene por finalidad conquistar, agradar, tener a una chica de rol sumiso a su lado. Esto es una ignorancia tan peligrosa como la estupidez del Dominante payaso, y ello porque al no sentirse parte del colectivo BDSM, desconoce las normas, no se informa, no se educa a sí mismo, siendo así alguien que puede cometer errores, matar la magia, romper la atmósfera y provocar que una sumisa se lleve un chasco y no quiera seguir experimentando con él, como es lógico.
  En definitivas cuentas, el Dominante vainilla es uno de los dos extremos que yo he conocido hasta hoy, ambos son peligrosos, ambos son absurdos y tienen una carga negativa en su postulado ante el BDSM totalmente impropia del colectivo y de sus bases.



3º. DOMINANTE

  El Dominante por excelencia puede hacerse llamar la encarnación misma de la sentencia aristotélica “en el centro está la virtud”, y ello porque ha de poseer una mente y un alma equilibrada, saber cuándo actuar con dureza y rudeza, cuándo ser romántico, dulce o detallista, cuándo actuar con frialdad y cuando con calor, cómo ser un Señor, un Amo, y cómo ser un confidente, un amante.
  El Dominante es una persona segura de sí misma, alguien que no necesita la aprobación de otros para sentirse un auténtico Dominante, no precisa de decir en todo momento “soy un Dominante” y ello porque su sumisa lo sabe, lo percibe en todas sus acciones, decisiones y actuaciones. No anda con el látigo en la mano para azotar en cada momento a su sumisa, no busca fallos donde no los hay ni castiga sin motivo ni razón, disfruta de la sumisión y de la iniciativa por igual, pues sabe que aunque conoce el BDSM, conoce los límites, conoce las bases, nunca puede dejar de aprender.
  El Dominante es consciente de sus virtudes y de sus defectos, los plantea, vive con ellos, se los presenta a su sumisa sin miedo, siempre tiene la transparencia y la sinceridad por delante pues sabe que estas son las bases sobre las que se sienta toda relación, incluso la D/s. No es déspota, no busca el miedo de su sumisa sino su respeto, el cual sabe que se ganará siendo tal cual es, siendo autoritario cuando procede y tierno cuando es preciso, castigando si así lo considera necesario, pero también premiando los comportamientos y las iniciativas que tiene su sumisa.
  El Dominante es un caballero, respetuoso con los límites, alguien que tiene el honor por estandarte, cumple sus promesas, ofrece a su sumisa la tranquilidad que esta requiere para someterse a su voluntad, le ofrece confianza, seguridad, respeto y sensatez, no teme mostrarse frágil en un determinado momento, no teme buscar el consuelo, el refugio en brazos de su sumisa, porque sabe que esto no lo hace parecer débil, sino que lo hace parecer auténtico, humano, verdadero.
  El Dominante conoce a su sumisa en todas sus facetas, como mujer, como hija o madre, como trabajadora o como estudiante, conoce y fomenta sus aficiones, le brinda su espacio, vela por sus intereses y procura que esté bien física, emocional y psíquicamente. Ella es suya y él sabe que le ha otorgado su confianza, obediencia y sumisión, atesora esto y lo retribuye con fuerza, autoridad, dominio, pero también con ternura, romanticismo, respeto, y ello porque siempre hay tiempo para todo, incluso en el BDSM aunque no lo parezca a priori.
  El Dominante se embriaga de poder, se siente abrumado por la sumisión de su propiedad, por la entrega de su sumisa, pero no es idiota, no desprecia este obsequio, actúa con responsabilidad y sensatez, se toma en serio su papel y encadena a su sumisa sin llegar a ahogarla, la somete sin coartar su libertad, la domina sin reducirla a nada… Sabe que ella ante todo es una persona no un rol, somete a la sumisa respetando así a la persona, no la despoja de voluntad, no le corta sus alas, si eso la ayuda a través de su dominio a volar más alto, la tiene a sus pies, pero no por ello la hunde y humilla, es suya pero no en un sentido literal, y él lo sabe y con sus actos le da esa sensación a su sumisa, la hace sentir su propiedad pero no como un objeto sin alma.
  El Dominante no se siente más que otros aunque tenga sumisa, no se siente más sabio por contar con más años de experiencia, es consciente que, como todo en la vida, en el BDSM siempre hay algo nuevo que aprender, algo que puede conocer a través de otros Dominantes o de otras sumisas con conocimientos distintos a los suyos. No desprecia a las sumisas que tiene delante, no se siente por encima de ellas en cuanto interactúan con él, primero conoce a la persona, para así poder llegar hasta el rol, pero aún y todo no exige respeto absoluto y obediencia ciega, sabe que si surge el feeling necesario, podrá demostrar quién es y así ganarse ambas cosas, junto al amor que como en toda relación puede surgir**.

*Esto lo aprendí de mi amigo y maestro El Faro, en cuyos escritos leí esta sentencia y los cuales sentaron las bases de lo que hoy soy en el BDSM.
**Esta entrada fue inspirada por un artículo leído en Cuadernos de BDSM número 1, lectura que también recomiendo a todos aquellos que deseen aprender mucho más.

Sirius B

miércoles, 26 de febrero de 2020

Responsabilidad y poder



  Lo primero que he de hacer es disculparme por no haber actualizado el blog desde octubre del año pasado, y ello debido principalmente a la cantidad de trabajo que he tenido tanto en mi faceta como asesor jurídico, así como en la de escritor, sin olvidar por supuesto mis obligaciones personales como parte de una familia y de un grupo de amigos. Sin embargo, y como propósito para el año 2020, procuraré ser algo más activo en mis redes sociales incluyendo por supuesto este blog al cual quiero tanto, no en vano en el reflejo una parte fundamental de mi vida que, por razones obvias, no puedo publicar a los cuatro vientos como me gustaría, sirviendo por lo tanto como una fantástica herramienta de desahogo, además de para dar a conocer la visión que sobre mi colectivo tengo.

  Ya sin más preámbulo me gustaría comenzar con el tema del cual hoy me ocuparé, un tema que aunque breve no deja de carecer de importancia especialmente si hablamos de relaciones BDSM, pues una vez más explicaré en qué forma, y como siempre digo desde mi propia perspectiva y punto de vista, el BDSM y más concretamente el vínculo entre Amo/sumisa puede ayudar al crecimiento personal de ambas partes.
  La primera cuestión que siempre suscita el BDSM, y que ya he tratado previamente en otras entradas, es cómo éste puede beneficiar de modo alguno a las partes implicadas en la relación y más teniendo en cuenta que al menos una de ellas (la sumisa) se ve dominada y encadenada (ya no sólo en un sentido literal) por la otra, es decir, en teoría sólo una de las partes es completamente libre.
  No obstante, y respondiendo brevemente a esta cuestión, cabe recordar que aunque los roles conllevan una posición desigual entre las partes, las personas que los encarnan son eso, personas, y por lo tanto tienen sus propias inquietudes, sus propias metas, sus propias fantasías, sus propios objetivos, los cuales en ningún caso pueden verse perturbados o anulados de forma alguna por culpa de la relación de poder, aun cuando esta sea la más extrema que podamos encontrar como es la de Amo y esclava.
  Así pues, y como ya he dicho en ocasiones anteriores, el BDSM no es un instrumento de anulación de la personalidad, al contrario, y tal como expondré a continuación, ha de ser una herramienta de crecimiento y enriquecimiento personal, y ello siempre se cumplirá simplemente respetando el hexágono esencial del BDSM: Consenso, seguridad, sensatez, confianza, respeto y sinceridad (CSS+CRS). Habrá quien quizás me tilde de fanático, sensacionalista, o incluso que soy un dominante blando o condescendiente (que se lo pregunten a las sumisas que conozco y con las que he sesionado), pero yo he hecho del BDSM una parte de mi vida y como tal ha de cumplir una función tanto en mí mismo como en aquellas chicas (sean curiosas o sumisas) que se vean inmersas e implicadas en ella.

1º. Una breve historia

  Para hacer más ligero y no tan denso el escrito, lo plantearé a través de una situación práctica, es decir, con el ejemplo de un Dom, al que llamaremos Jorge Nitales y su sumisa llamada Luz Cuesta Mogollón. Pues bien, Jorge y Luz se conocieron como cualquier otra pareja, comenzaron a relacionarse, se gustaron, conocieron sus preferencias, supieron que compartían colectivo y finalmente iniciaron una relación.
  Por supuesto al principio todo fue sobre ruedas, Luz fue precavida y no cedió el dominio a Jorge más allá de las sesiones en el dormitorio, las cuales bien podían prolongarse durante un fin de semana completo, y Jorge fue comprensivo, respetuoso con los límites y preferencias de su sumisa, no se excedía y sólo asumía su rol cuando se le daba luz verde.
  Los meses pasaron y se transformaron en un año, momento en el cual Luz consideró que, y como una sorpresa por su aniversario, ya podía ceder parcelas de su vida a su señor, sin olvidar que le pediría poner el collar… ¿Qué sucedió? Que Jorge se entusiasmó, comenzó a excederse y tomó la entrega de su sumisa como una señal para por fin desatarse en su totalidad, comenzó a manipular a Luz, a través de la frase “yo soy tu señor y lo hago por tu bien” hizo que algunos hábitos de su sumisa cambiasen y no precisamente para bien… Utilizando su poder, su dominio, Jorge cambió la forma de vestir de Luz, la frecuencia con la que veía a sus amigos y amigas, su forma de comportarse con ellos, las veces que sesionaban e incluso la frecuencia con la que su sumisa podía tener orgasmos y masturbarse.
  Así pronto Luz fue convirtiéndose en aquello que Jorge deseaba, en una prolongación de sus fantasías y todo ello en la errónea convicción que al ser su sumisa y él su señor, y en aras de complacerlo, debía renunciar a su personalidad, a su forma de vestir, sentir o pensar, cayendo finalmente en una esclavitud espantosa que la anuló como mujer, que la redujo a un mero objeto de decoración de Jorge el cual le decía qué pensar, qué decir, cómo y cuándo.
  En su día Jorge conoció a otra sumisa, alguien que le recordaba a Luz en sus inicios, por lo cual decidió dejar a su sumisa, darle carpetazo y despojarla de su dominio, dejando tras él a un ser humano que había renunciado a su vida, a sus metas, a sus amistades, a su forma de pensar y de sentir, y todo por pensar que de ese modo lo complacería.
  Pasaron los meses y una anulada Luz seguía sin poder tomar el control de sus actos, mostrándose insegura, temerosa y con poca autoestima, todas ellas consecuencias reales y seberas del pésimo y repugnante dominio de su último amo. Un día, bien por designio divino o bien por recompensa del karma, conoció a otro dom, Domingo de Soles, quien al principio comenzó actuando igual que Jorge Nitales, algo que debido a su elevado estado de destrucción Luz no pudo más que agradecer.
  Sin embargo Domingo no era tonto, y como buen dominante reconoció los negativos estragos causados por su predecesor en Luz, lo que lo llevó a tomar la ciega y destrozada entrega que le ofreció la sumisa descuidada y prematuramente y encaminarla a un objetivo claro: Levantar a la joven. Usó positivamente su dominio para animarla a salir, para ayudarla a tomar sus propias decisiones, a comenzar el ascenso a su superación académica, personal y emocional… En poco tiempo Luz empezó a recobrar su personalidad, reconstruyó su autoestima y vio en el dominio de su nuevo Amo un afán de disfrute, de placer mutuo, no obligándola a renunciar a ser quien era y realzando una y otra vez, fuera y dentro de las sesiones, ya no sólo lo fantástica sumisa que era, sino la mujer que había tras ella y la persona especial que en conjunto significaba.
  Finalmente Luz recobró su antigua personalidad y superó todass las metas que se había propuesto antes de conocer a Jorge, amando y respetando a Domingo tanto como hombre así como dominante, y él, como era de esperarse no cambió, fue siempre el mismo e hizo de su dominio un instrumento para crecer y ayudar a crecer a su sumisa.

2º. ¿Entonces?

  Tal vez la clave del buen y correcto desarrollo de una relación BDSM pasa por cómo se ve la dominación y la sumisión, es decir, si la D/s se ve bajo un prisma egoísta por parte del dominante quien sólo busca su propia complacencia y placer, olvidando que bajo la sumisa hay una mujer, una persona con sus propias metas e inquietudes, es lógico que terminará anulándola y ello porque no respetará en ningún caso sus decisiones, su forma de pensar o sentir, sólo perseguirá realzar su propia y retorcida percepción de sí mismo, la de un machote duro, que sólo ansía por encima de todo tener una mascota a la que adiestrar, educar y utilizar, reduciéndola sólo a una falsa escultura moldeada con el cincel de su placer y el martillo de sus propios gustos y preferencias.
  Partamos de la base que leer el BDSM bajo la luz del egoísmo no acarreará más que una total falta de consideración y seriedad frente a la relación que se está planteando, tomándose a la ligera un papel de tamaña responsabilidad como es el de un dominante ante su sumisa. Nótese que cuando se asume este rol, sea en el contexto que sea, se está asumiendo la posición de una figura de poder, de autoridad, con todo lo que ello conlleva, no pudiéndose ni descuidar ni olvidar las responsabilidades que semejante rol lleva aparejadas.
  Reducir el rol del dominante sólo a la figura de un tarado con látigo y tono de Hitler supone desposeerlo de toda responsabilidad… “Yo sólo he de decirle lo que tiene que hacer y si no lo hace castigarla”, esta es la imagen que muchos dominantes que he conocido defienden, la de un rol distante, que sólo aplica castigos y autoridad, sin siquiera preguntarse por las inquietudes de su sumisa, por sus deseos, por sus objetivos, un egoísmo que desgraciadamente es consecuencia del machismo que predomina en la actualidad y que vela sólo por la satisfacción masculina, algo que en cualquier caso no sólo se materializa en el BDSM, sino incluso entre los vainillas: “La meto la saco, la meto la saco, me corro y ya está… ¿Tú llegaste? ¿No? Bueno, si quieres te toco o te tocas tú misma”. “Hoy hay fútbol, así que no saldremos, pero mañana sí… ¿Tienes quedada con las amigas? No importa, supongo que querrás quedar conmigo antes que con ellas”.
  Sin embargo, y reencausando el tema que aquí nos ocupa, si el dominante se preocupa por su sumisa y cómo es, cómo siente, cómo piensa, puede servirse de su dominio para ayudarla a crecer, para ayudarla a superarse en la medida de nuestras posibilidades y de las suyas, ya que tampoco se trata de obligarla a conseguir metas hasta un punto de convertirlo en una obligación obsesiva… Todos los extremos son malos, y en el BDSM la premisa aristotélica de “en el centro está la virtud” cobra una gran relevancia pues no hay que olvidar que la complejidad de este tipo de relaciones supone también una fragilidad mayor, después de todo no hay que olvidar que a mayor dureza mayor es la fragilidad y grande ha de ser el cuidado.
  Así pues, y por lo tanto, si ayudamos a nuestra sumisa a lograr sus objetivos, a llevar a cabo sus metas, desde luego nos convertiremos en una figura ya no sólo de poder, sino también de respeto, lo que redundará en una mayor búsqueda de complacernos con su entrega, y así nos iremos ayudando mutuamente a crecer emocional y personalmente. (Véase el artículo de mi amigo y maestro El Faro titulado “La espiral positiva”)
  El BDSM es, en definitiva, un instrumento magnífico para superarnos y ayudar a superar a otros sus miedos, dudas y temores, a alcanzar sus metas y objetivos, y de paso también conocernos a nosotros mismos y perseguir el mismo fin. Eso sí, lo anterior sólo puede cumplirse si sabemos actuar con sensatez y respeto, si somos buenos dominantes, si no somos egoístas y si sabemos ser ya no sólo autoritarios y dominantes, sino generosos, abiertos y atentos para con nuestra sumisa pues, y esto nunca hay que perderlo de vista, ella nos está dando todo, su entrega, su sumisión, y por encima de todo su confianza, lo que no podemos hacer es corresponder eso con egoísmo, desprecio, frialdad y dureza, hemos de atesorarlo, cuidarlo, ser responsables y redundar su entrega en una forma de crecer ambos y cada uno por sí mismo.

Sirius B

domingo, 27 de octubre de 2019

Sobre chicas fuertes, independientes y BDSM


 

  La idea para escribir este post surgió de una conversación que ayer mismo sostuve con una chica súper especial, a raíz de un comentario que en cierto momento de la noche me hizo y que trajo una idea a mi cabeza, idea que si bien ya había pensado en muchas ocasiones, e incluso había expresado de forma muy escueta, no encontraba la inspiración, el punto sobre el que apoyar mi tesis para poder darle un poco más de consistencia, algo que como digo, y gracias a esta chica, pude hallar y por fin puedo expresar con total claridad.

  El título del post brinda cierta pista de cara a conocer un poco la tesis que aquí voy a desarrollar, sin embargo no lo dice todo, pues si bien voy a hablar sobre la relación existente entre BDSM y una chica fuerte e independiente, lo voy a hacer bajo un prisma bastante particular: Los beneficios físicos y psíquicos/emocionales que la práctica del BDSM puede acarrear dado que, y como bien he dejado entrever en alguna otra exposición, el BDSM es un fantástico instrumento no sólo sexual o emocional, sino que su práctica trae para las partes implicadas otros beneficios menos carnales y espirituales, más psíquicos y físicos, y no hallé un modo mejor de ilustrarlo sino a través de esta ejemplificación, es decir, lo que aquí voy a desarrollar es perfectamente extrapolable y aplicable a otros casos, a otros tipos de personalidades ya que, y como siempre digo, el BDSM cada quien lo vive como mejor le plazca y en las circunstancias que le parezcan siempre y cuando cumpla con los mínimos por los que siempre abogo, esto es, consenso, seguridad y sensatez (CSS), así como sinceridad, respeto y confianza (SRC).

 

1). Un acercamiento necesario

 

  En primer lugar, y antes de entrar en el tema objeto de este post, me gustaría explicar de forma muy breve los tres tipos de relaciones (aunque hay muchísimas más) que, y siempre a mi criterio, pueden darse principalmente en el BDSM; como he dicho no son las únicas, cada cual puede tener sus variantes, y ello siempre dependerá de las partes implicadas y de cómo quieran vivir esta experiencia.

-Relación y sesiones. Esta la he conocido hace relativamente poco, de manos de una dómina con mucha más experiencia que yo y a quien respeto muchísimo, y es tan simple como mantener una relación sentimental (abierta o cerrada) y mantener al BDSM aletargado, para luego, cada vez que las circunstancias lo permitan y/o haya disposición por ambas partes, practicar potentes e intensas sesiones, prolongándolas horas o incluso días, para una vez finalizada “abandonar” los roles y volver a un status de pareja tal cual.

-Relación BDSM. En este caso la idea es igualmente muy simple, ya que se trata de una relación normal de pareja, pero con añadidos de BDSM, esto es, a medio camino entre lo anterior y la relación 24/7 (la explicaré a continuación); hay aquí una relación de D/s en ciertas áreas, se mantienen las sesiones y se vive el BDSM de un modo quizás más cotidiano, aunque nunca al nivel de las 24/7, de hecho los roles se mantienen activos sólo en ciertas circunstancias y se retraen en otras, hay un comportamiento dominante/sumiso constante, pero cuando toca se apartan y se asume el status de pareja convencional sin roles.

-Relación 24/7. Esta es quizás la más potente de todas las relaciones BDSM, los roles se mantienen activos durante las 24 horas y los 7 días de la semana (de ahí su nombre) y no hay variación ninguna en ellos. No he conocido al menos de momento una pareja de estas características, sí testimonios de personas que lo han intentado y en muchos casos han acordado bajar el nivel o directamente poner punto final.

  Cada una de estas relaciones (que como digo ni son las únicas ni un numerus clausus) tienen sus ventajas e inconvenientes, y siendo sincero yo me quedo con la primera y con la segunda, aunque sin orden de preferencia ya que ambos son estilos con los que estoy seguro disfrutaría muchísimo; no obstante la que descarto de pleno es la tercera, es decir, 24/7, y ello por el desgaste energético y psíquico que conlleva, además de la implicación que exige a la que yo, personalmente, no me veo dispuesto por mi carácter y mis propias responsabilidades, y la verdad es que hay que ser responsable en este tema y no tomarse algo así a la ligera.

 

2). Beneficios físicos

 

  Ya habiendo esclarecido lo anterior, creo que va siendo hora de explicar los beneficios que el BDSM puede aportar a una persona, que como he dicho supra, y a modo de ejemplo, utilizaremos a una chica fuerte e independiente, además que sólo lo haré desde la visión de los dos primeros tipos de relaciones, y ello porque considero que la relación 24/7 conlleva un gran desgaste psíquico y emocional que resulta “contraproducente” para lo que aquí expondré, sin olvidar que no es un tipo de relación a la que aspire.

  Partamos de la base que el ser una persona con un carácter fuerte e independiente, de forma subconsciente, acarrea un desgaste constante que puede resultar a la larga agotador y que puede requerir de un descanso, de un apoyo, es decir, pasar la carga a otra persona aunque sea ello temporalmente… Cargar las pilas, por decirlo de algún modo para luego continuar adelante y retomar esa personalidad, ese carácter.

  A través del BDSM, y en las manos del dominante adecuado, una sesión puede transformarse en una válvula de escape perfecta físicamente, y ello porque si la sesión se desarrolla de forma correcta, la compenetración y la confianza es la idónea, la sumisa experimentará un alivio físico al abandonarse, al ceder el control al dominante que, a través de su conocimiento y experiencia, la llevará al placer, a la tranquilidad, y si todo incluso supera las expectativas, al subspace, esto es, una descarga extasiante de endorfinas, una sensación que según me han descrito, es similar a un estado narcótico, una droga natural que genera el propio cuerpo y que proporciona un estado de suma tranquilidad y paz, tanto así, que de no estar junto a la persona apropiada el estado puede ser un arma de doble filo, pues la sumisión que se alcanza en el subespace es absoluta, entendiendo este concepto de forma literal. Es por ello que un buen dominante no se aprovechará de ello, dejará que la sumisa disfrute de ese éxtasis durante unos minutos para luego regresarla poco a poco a un estado normal… Relajación absoluta, placer y tranquilidad, sensualidad y confianza.

  Una vez la sesión ha terminado, llega el momento del aftercare, otro instante en el cual el dominante ayudará a que la sumisa, vencida y derrotada por el placer que le ha hecho experimentar, siga disfrutando de paz y relax, ya que durante este instante le prodigará los cuidados y mimos necesarios para hacerle sentir bien, para acrecentar ese vínculo y ese lazo que los une, demostrándole así que es un buen dominante, un buen compañero y proporcionándole de paso el descanso físico que, en su posición diaria de chica fuerte e independiente, no ha podido tener.

  He aquí el gran beneficio físico, a través del placer y de las prácticas que con el BDSM puede experimentarse en una sesión, se logra liberar por un lado endorfinas naturales, alcanzar ese estado narcotizado de total sumisión y tranquilidad, de confianza absoluta, que brinda al cuerpo de la sumisa ese descanso literalmente placentero, y por otro, el posterior aftercare, el cual le permite sentir que tiene un apoyo, que cuenta con ese respaldo, con ese sustento que no le fallará y en quien puede confiar plenamente… Y ello sin olvidar el disfrute y el placer que ha experimentado durante la misma sesión.

 

3). Beneficios psíquicos y emocionales

 

  Una persona fuerte e independiente, que resuelve sus problemas por su cuenta, que se las apaña perfectamente ella sola, padece, y ello es así por una cuestión de lógica, de un cansancio y desgaste emocional y psíquico, pues admirablemente supera los obstáculos y salta las barreras sin contar con nadie más que ella misma, lo que es agotador con el paso del tiempo, ya que se desearía contar con un punto de apoyo sobre el que dejarse caer, a quien traspasarle esa pesada carga aunque sea momentáneamente.

  De sobra está decir que incluso en una relación vainilla, si la pareja se comporta como tal y existe confianza, se puede contar con esa posibilidad; sin embargo, y como expliqué en un post anterior, el BDSM es intensidad, y todo se magnifica de forma extremadamente maravillosa, y esto no es la excepción.

  Teniendo como punto de partida que en la propia relación el vínculo y la confianza generada gracias al BDSM es potente y por lo tanto la chica fuerte e independiente, y sin ser necesario que asuma su rol sumiso en todo momento (primera relación), confiará tanto en su compañero que no tendrá temor a mostrarse vulnerable, a bajar la guardia y ser natural y sinceramente más frágil aunque sea momentáneamente.

  Ahora bien, este vínculo, esta cercanía y confianza plena no sólo se la habrá ganado día a día, que también, sino que la fortalecerá gracias a las sesiones practicadas en las que demostrará a su sumisa que puede confiar en él, que la respeta, que no la juzga ni critica, que puede abrirse ante él y mostrarse vulnerable porque en el fondo él sabe el tipo de chica que es en realidad.

  Ya en la propia sesión la chica fuerte e independiente asumirá su rol de sumisa, se desposeerá de sus cargas psíquicas y emocionales, se las cederá a su Amo y este las tomará con respeto, sensatez y seguridad, velará por ellas, y le proporcionará el descanso que necesita para poder seguir adelante una vez la sesión finalice; el Amo toma el control y poco a poco, con ayuda del BDSM, va conduciendo a su sumisa por esa senda de placer, por esa senda de olvido y tranquilidad, y con un poco de suerte la llevará hasta el subespace, ese rincón en el cual todo se olvida, todo desaparece, no hay presiones, no hay angustias, está segura porque él está ahí, es un buen Amo, un buen compañero, se abandona, confía en él y en el respeto, seguridad y sensatez que le ha demostrado… Está descansada, sus emociones son de él, su psique está extasiada y puede disfrutar de esa liberación que le proporciona el descanso que necesita de un modo literal.

  Luego llega el aftercare, ese momento tras volver a la realidad donde los cuidados y los mimos le permiten estar totalmente abandonada, con su mente y sus emociones todavía libres de cargas y confiada que en las manos de su Amo está a salvo… Todo se acaba, su compañero le regresa sus cargas y entonces ella está renovada, fuerte e independiente una vez más.

 

Sirius B

miércoles, 9 de octubre de 2019

La magia de las cadenas

           
“Nunca fui tan libre como desde que tu cadena me ata, nunca volé tan alto como desde que a tus pies me arrodillo”

  Cuando leí esta maravillosa declaración de una sumisa a su señor una idea apareció casi de forma automática en mi mente, una idea que en forma de explicación dio respuesta a un interrogante que muchas veces se me ha planteado al decir que una relación BDSM del tipo que sea (en mi caso una pareja) hace a las dos partes libres, y la pregunta suele ser: ¿Cómo puede ser libre una persona que comparte una relación de dominación y sumisión? Será libre el Amo, no la sumisa.
  Es posible que a simple vista esto sea así, en efecto, sin rascar un poco más y quedarse en la superficie en una pareja-BDSM sólo uno de los integrantes es libre; no obstante si indagamos un poco, si reflexionamos y escuchamos, puedo asegurar que en una relación BDSM ambas partes son libres, y ello gracias a “la magia de las cadenas”, un simpático concepto que me saqué de la manga el día en que leí la frase del encabezado y que a continuación procedo a explicar, y lo haré de forma minuciosa pero sin resultar tedioso, dividiendo la exposición en dos partes: Primero a través de la magia de las cadenas en un plano material/sexual/erótico, para luego exponer la magia de las cadenas más emocional, más psíquica.

1º. Bondage, símbolo de poder pero también de libertad

  Existen muchísimos elementos asociados al BDSM, sin embargo el más reconocido de ellos, y aceptado socialmente me atrevería a decir, es el bondage (ataduras), y ello porque incluso entre la población vainilla puede darse este tipo de juegos, popularizados todavía más gracias a la saga fílmica y literaria 50 Sombras… ¿Quién no ha sido atado o esposado a la cabecera de la cama en más de una ocasión como un modo de romper con la rutina? Más de una pareja me atrevo a afirmar, y no necesariamente miembros del colectivo del BDSM.
  ¿Y en qué radica el atractivo de este tipo de prácticas? Simple: En el sometimiento, en la sensación de poder que la parte dominante ejerce sobre la parte atada, saber que está a su entera disposición, indefensa/indefenso, dependiendo de él o ella en todos los sentidos, en el significado más amplio de la palabra… Es suya/suyo, y ahí radica el atractivo, al menos en mi opinión y desde mi rol de dominante.
  El bondage, no obstante, está lleno de matices en el BDSM, se va más allá de unas esposas o una cuerda, se traspasa la línea de la cabecera y se busca el placer, la sensualidad, e incluso la belleza a través de la visión de un cuerpo a nuestra entera disposición, sin más límites que los marcados y conocidos de antemano, obsequiándonos un amplio margen para hacernos disfrutar y hacer disfrutar a nuestra pareja.
  Así el dominante se hace libre a través del bondage, utiliza las cadenas, los grilletes, las cuerdas o un simple trozo de satén o seda negra para liberar su dominio, “extasiarse” de poder, de autoridad, de sensualidad y placer, ya que sólo en los límites encuentra la frontera, dentro de aquellos puede ser él mismo, dominar, poseer, sentir como suya a la otra persona, recorrer el sendero de la libertad sexual sin prejuicios, sin censuras, confía en su sumisa, disfruta de su sumisión, del poder que le transmite, y sabe que con ella todo es posible pues no habrá críticas, no habrá desconfianza, no habrá condenas que atraviesen sus labios… Es libre para ser él mismo.
  ¿Pero y la sumisa, cómo puede sentirse libre con cadenas, grilletes, cuerdas o trozos de satén o seda reteniéndola, sujetándola, sometiéndola? Porque no existe nada más liberador que la confianza absoluta, la tranquilidad plena, saberse a salvo en manos de una persona que conoce las fronteras marcadas, alguien sensato a quien se ha entregado de forma consensuada y segura, quien no sólo la protege, sino que convierte su entrega en un instrumento de placer, rompiendo los tabúes, haciéndola explorar nuevos horizontes, y todo en un entorno que le proporciona la suficiente seguridad y tranquilidad como para sentirse libre, para ser ella misma, disfrutar entregándose en manos de su señor, de su amo, alguien que ha trabajado para conocerla en todas y cada una de sus facetas, que le ha demostrado que la respeta, que actúa con responsabilidad, en definitivas cuentas, que se ha ganado su confianza absoluta e incuestionable, que es consciente de dónde está su umbral, dónde está el placer y dónde se transformaría en dolor… Y bordea esa delgada línea, y ella más libre se siente, pues en la atadura puede desatarse, una peculiar paradoja como la que experimenta en ese momento, la de una libertad encadenada… Es libre para ser ella misma.
  La magia de las cadenas material, por así llamarla, no sólo puede experimentarse a través del bondage, aunque en mi opinión es el ejemplo perfecto, la mejor vía para conocerla y experimentarla plenamente, en toda su extensión, en todo su significado.

2º. Dominación y sumisión, libertad en estado puro

  Quizás esta parte sea más sencilla de explicar y entender que la anterior, no en vano partimos de la base que una relación BDSM es un pacto entre iguales, personas libres y con voluntad y criterio propio, que deciden llevar adelante una fantasía en la cual asumen un rol, y lo hacen de un modo consensuado, seguro y sensato, además de con sinceridad, respeto y confianza mutua. Por lo tanto, no hay que perder de vista que sólo mientras se esté en los roles y durante el tiempo que dure la relación, el intercambio de poder, el dominio y la sumisión, se mantendrá activa y nunca se ha de olvidar que en la realidad fuera de la pareja, en la vida misma, ambos poseen voluntad propia, ambos son iguales y ambos son libres, no hay jerarquía, no por ser hombre se está por encima de la mujer, esto no es machismo, esto es BDSM… Como siempre digo: Ante todo somos personas, no roles. Dicho lo anterior, y entrando ya en la magia de las cadenas más espiritual, emocional y/o psíquica, tengo que decir que, y al igual que sucedía en el apartado anterior, hablaré desde mis conocimientos de mi rol de dominante y de los testimonios que sumisas y sumisos que he conocido han tenido la cortesía de compartir conmigo.
  Ya en el mero acto de someterse a una persona, cederle el control de ciertas parcelas de su vida y de la relación que compartan, puede apreciarse la libertad, no en vano si la decisión no es tomada por voluntad propia, sin criterio, y sin siquiera ser consciente de lo que se está haciendo o en quién se está confiando, el consentimiento imprescindible para que exista BDSM está viciado, no cuenta, es nulo, y por lo tanto no existe BDSM.
  Teniendo esto claro, es decir, que la propia decisión de entrega es un acto de libertad, lo siguiente es conocer cómo se puede ser libre sometiéndose a una persona, y la respuesta no es demasiado difícil: Al someterse y ceder el control de ciertos ámbitos, y siendo el dominante una persona sensata, alguien con las ideas claras, madura y responsable, éste ayudará a la sumisa/sumiso a sentirse libre de toma de decisiones que, en cualquier caso, él como dominante tomará en su lugar, por supuesto siempre velando por el bien de su sumisa…
  “Nunca fui tan libre como desde que tu cadena me ata”… Y ello es posible porque mi cadena te sujeta pero no te asfixia, no te impide volar, te guía cuando es necesario, te educa cuando es preciso, rodea tu cuello, pero tú tienes la posibilidad de quitártela cuando así lo desees, pues yo dominante sensato, respeto tus decisiones, respeto tus límites, te respeto como mujer, te respeto como sumisa… “Nunca volé tan alto como desde que a tus pies me arrodillo”… Porque jamás te obligué ni obligaré a hacerlo, porque lo hiciste libre, y libre seguirás, porque pese a que te domino, a que ejerzo poder sobre ti, es una fantasía que compartimos, una relación que nos da placer, nos gusta y disfrutamos los dos, no hay egoísmo, no hay desconsideración… Arrodíllate a mis pies, que yo admiraré tu entrega, la corresponderé, no abusaré de ella, la tomaré como un tesoro, será mi instrumento para llevarnos por la senda de la pasión y el placer, será mi vía para ayudarte a crecer, ya no sólo como mi sumisa, sino también como mujer, como persona… Siéntete libre, porque eso eres, y aunque juntos compartamos esta relación, tú entraste libremente y libremente, si lo deseas, te marcharás.
  Cuando un dominante recibe la entrega absoluta de su sumisa, ya no sólo física, sino también emocional y psíquica, sería un idiota si despreciase ese obsequio, si lo utilizase para su beneficio egoísta, si no lo correspondiese con la entrega de su dominio sensato, seguro y placentero…
  “Nunca fui tan libre como desde que tu cadena me ata”… Ni yo tan libre como desde que te sometiste a mí, pues tu entrega, tu sumisión me hace ser yo mismo, me da confianza, seguridad y libertad, me hace ser natural, me da placer, me llena de pasión, de deseo y admiración por ti, sujeto la cadena y con dicha, pues tu amor, tu devoción y sumisión, me hacen ser libre…  “Nunca volé tan alto como desde que a tus pies me arrodillo”… Y yo nunca fui tan libre como desde que te tengo a mis pies, desde que me dedicas esa mirada incomparable, la mirada de mi sumisa, henchido de orgullo le concedo a esos ojos mi libertad, pues sé que contigo nada he de temer, puedo ser yo, sin prejuicios, sin que me condenes, me has dado tu confianza, te has puesto a mis pies, y yo con ese simple acto soy natural, soy tuyo, así como tú eres mía, soy tu señor, tu amo, como tal actúo donde puedo, y lo hago de forma libre y tranquila, sin aguardar reproches, sin temer cuestionamientos…
  El BDSM nos ha unido, nos ha vinculado, nos ha dado las cadenas que hoy nos enlazan, las mismas que rodean tus muñecas y te doblegan a mí en la visión más exquisita y sensual que los dioses hayan concebido, las mismas cadenas que rodean tu cuello y que yo sujeto con pulso firme y mano dura… El BDSM nos ha unido, y del mismo modo nos hace libres.

Sirius B
        
Dedicado a mi sumisa: Arwen

jueves, 3 de octubre de 2019

BDSM: Una forma fantástica y única de experimentar la intensidad




  El otro día, mientras iba camino a Alicante con un amigo, surgió el tema de la sexología, y a raíz de aquel terminamos hablando del BDSM, declarándole que yo era miembro del colectivo en el rol de dominante, detalle que le resultó curioso e interesante a partes iguales, preguntándome en primer lugar: ¿Qué es exactamente el BDSM? Una pregunta muy recurrente entre el común de los mortales, los cuales no comprenden nuestra forma de entender las relaciones, o bien directamente las tachan de raras, extravagantes, locas, o se limitan a simplificarlas casi a lo absurdo.
  Podría haberle recomendado a mi amigo un centenar de páginas web donde le responderían a su pregunta*, pero preferí darle yo mismo una respuesta nacida de mi propia y personal percepción del BDSM y todas las prácticas, experiencias, principios y conocimientos que he adquirido en estos casi ocho meses como miembro del colectivo, una respuesta subjetiva y personal, que en ningún caso tiene por finalidad erigirse como la única e indiscutible, al contrario, es muy probable que tú, dominante o sumisa que me lees, tengas tu propia opinión al respecto, y que el día en que te formulen esta pregunta, contestes algo muy diferente a lo que yo respondí a mi amigo y procedo a exponer a continuación… ¿Y sabes algo? Tanto tu respuesta, como la mía y la de cualquier otro miembro de nuestro colectivo, es totalmente respetable y acertada, pues como siempre digo, no existen ni mejores ni peores dominantes, ni tampoco mejores o peores sumisas, sino personas que disfrutan del BDSM de forma consensuada, segura y sensata, y mientras sea así, nadie puede imponerse como el poseedor o poseedora de la verdad absoluta.

  Entrando ya en materia, a mi parecer el BDSM es un modo único y maravilloso de vivir y disfrutar ya no sólo de nuestra sexualidad, que también, sino de nuestras relaciones, pues gracias al vínculo que lentamente se va forjando entre dominante (del sexo que sea) y sumisa/sumiso, y que se asienta sobre la base del consenso, seguridad, sensatez, respeto, sinceridad y confianza, las emociones y sensaciones que terminan enlazando a ambas partes, son intensas y profundas, alcanzando tal paroxismo que, y de darse las circunstancias, ambos experimentarán momentos de éxtasis pleno (ya hablaremos del sub space), se lo dirán todo con una mirada, se conocerán de manera íntima y extremadamente personal, serán recíprocamente receptores de una confianza ciega y bidireccional, conocerán la sinceridad en su plenitud y serán acreedores de un respeto que, aunque por opuestas y muy distintas razones, será total y absoluto, y todo ello en un ambiente, en una relación consensuada, segura y sensata.
  Así, yo defino al BDSM como un modo único e inigualable de experimentar y vivir la intensidad, el placer, las emociones, de poder llevar a cabo una fantasía de roles que, de hacerse y gestionarse adecuadamente, desembocará en una relación cercana, profunda y plena, la cual a su vez reportará beneficios mentales, emocionales y físicos para ambas partes, así como proporcionar las condiciones para disfrutar de una sexualidad que rompe con los tabúes, que traspasa los límites y empuja a quienes participan a explorarse a sí mismos en un entorno seguro y sensato.
  Para la sumisa o sumiso, y esto lo sé por lo que me ha dicho más de uno, la sensación de libertad, seguridad y tranquilidad que les proporciona un buen Amo en una relación BDSM, sea del tipo que sea, es tal, que puede conducirlos al éxtasis en una sesión, al alivio de poder centrarse en otras parcelas de su vida cuando han dado potestad a su Amo en otras, lo que sumado a la sensación de protección que poseen una vez el vínculo se ha consolidado, hacen del BDSM, para ellas y ellos, una filosofía vital, sexual y mental, única e incomparable con el mundo vainilla.
  Para los dominantes, y aquí vuelvo a mis apreciaciones personales, gozar de la entrega y sumisión de una persona, ser receptor de una confianza ciega, de una devoción extrema, es algo que no tiene precio; saber que somos merecedores de semejantes sentimientos, de la sinceridad y del respeto de nuestras propiedades, de nuestras sumisas o sumisos, es una situación casi indescriptible y que algún día deseo poder experimentar en carne propia, esforzándome para ser digno de semejante honor, de tamaña responsabilidad, actuando siempre con valores y principios férreos, los cuales he detallado aquí en mi blog en más de una ocasión.
  En definitivas cuentas, y por si no ha quedado claro, el BDSM para mí es una filosofía increíble, un instrumento maravilloso y único, capaz de dotarnos a quienes lo experimentamos, vivimos y disfrutamos, de emociones y sensaciones profundamente intensas, brindándonos la oportunidad de formar parte de algo fantástico, placentero, poderoso y espectacular… Es, por lo tanto, una forma incomparable de vivir la intensidad en todo su significado.

  Así se lo describí a mi amigo, así se lo transmití, y para cuando acabé él estaba sin palabras, asegurándome que si bien conocía el BDSM a través de oídas, jamás lo había visto bajo esta perspectiva, y que lamentaba profundamente tener los años que tiene y no unos pocos menos, para gozar de la ocasión de conocer en persona semejante modo de entender la sexualidad y las relaciones… Al parecer, soy un vendedor excelente…
  Fuera de bromas, me alegra haber contribuido, aunque sea sólo con una persona, a cambiar la opinión desprestigiada que los vainillas tienen sobre nuestro colectivo, sobre nuestro modo de vivir, sentir, follar, disfrutar, e incluso amar, la cual nada tiene que envidiar a la suya, muy por el contrario, son ellos quienes tienen que envidiarnos a nosotros dado que es a nuestra manera como se conoce lo que significa realmente intensidad.

Sirius B

*Son tres las páginas que a mí me sirvieron como vías de aprendizaje: La primera de ellas fue Wikipedia, con su completísimo artículo relativo al BDSM; la segunda fue la revista Cuadernos de BDSM; y la última de ellas, aunque yo diría que la más importante, fue el blog de mi apreciado amigo y maestro, El Faro, el cual está linkado aquí mismo en mi blog, y que sugiero encarecidamente su lectura para quien quiera iniciarse en el BDSM de la mano de un gran Dominante.



Sobre el collar y su poder

    El título de la entrada es muy ilustrativo, de modo que no cabe hacer puntualizaciones ni dar excesivas explicaciones respecto al mism...